"Polémica Revolucionaria" es un espacio con una definida orientación socialista que propugna el debate y centralización de las ideas correctas dentro del movimiento revolucionario de vangaurdia con respecto a los problemas actuales de la revolución internacional y nacional.
SECCIONES
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Debate
EL MANOTAZO DE AHOGADO DE GUSTAVO PÉREZ
I
En el artículo Radiografía de un confusionista quedó probado que Pérez: 1) encubre mutilaciones, tergiversaciones, maniobras, calumnias, inmoralidades y oportunismos, que, por supuesto, comparte; 2) tergiversa mis posiciones sobre la verdad histórica del PSP, el socialismo y la verdad universal y su denominación; 3) mistifica la personalidad doctrinal de Mariátegui y bastardea su teoría de las dos etapas de la revolución socialista en el Perú; 4) se revela oportunista y equívoco al tratar de justificar la injustificable defección de Ramón García y sus viejos seguidores en 1975; 5) se descubre odiador al imputar a Santiago Ibarra la autoría de una Nota del Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (B); 6) se muestra particularmente infame al urdir la patraña de un llamado nuestro a un frente unido con el senderismo.
Ante estas demostradas realidades, ha reaccionado tratando de echar una cortina de humo sobre las mismas y levantando por segunda vez una analogía entre del Prado y el suscrito en punto a la naturaleza de la decisión mariateguiana de denominar Socialista a su Partido. Pero, como veremos enseguida, estas maniobras sólo prueban que se ha quedado sin argumentos.
Impotente, pues, de toda impotencia, su cortina de humo es un burdo intento de confundir: “No pienso responder los epítetos y calificativos formulados por el imaginativo y creativo Radiólogo… ni comentar el estilo de ‘pollo a la brasa eclesial’ con que da vuelta tras vuelta sus mismos y propios argumentos citándose asimismo (sic) y aderezándolos con largas letanías que recuerdan el rosario que rezaba mi abuela en las tardes provincianas de mi infancia” (1). ¿Se da cuenta el lector? Primero dice que no piensa “responder los epítetos y calificativos”, y, así, intenta presentarse como muy ecuánime y muy circunspecto, pero, acto seguido, inmediatamente después, sin solución de continuidad, hace precisamente lo que ha prometido no hacer: “el imaginativo Radiólogo”, “el estilo de pollo a la braza eclesial’”, etcétera. Este decir una cosa y hacer otra, esta doble moral en un solo acto, este intento de engañar, esta desvergüenza, prueba su proverbial torpeza, pues debería saber que ninguna persona con dos adarmes de seso puede creer que no responde “los epítetos y calificativos”, cuando el hecho absolutamente notorio es que responde desaforadamente.
El procedimiento de contrastar mis posiciones acerca de algunos temas con los comentarios hechos por Pérez de las mismas, puso al descubierto de un modo inapelable que tales comentarios son groseras tergiversaciones, y, por esto, es apenas natural que dicha contrastación le haya sonado como “largas letanías que recuerdan el rosario que rezaba [su] abuela”.
Pero veamos otro aspecto de la cuestión. Pérez se queja de los adjetivos que he utilizado para calificar su oportunismo y sus métodos criollos, y no es la primera vez que utiliza este recurso como una manera de oscurecer la conciencia de los lectores (o de los oyentes, como en una oportunidad). Pero, en verdad hablando, no tiene de qué quejarse. Está comprobado que es un falsario, y en consecuencia está bien que le diga que es un falsario, pues en el Socialismo Peruano es absolutamente inadmisible que alguien falsifique a Marx, Engels, Lenin y Mariátegui, y nadie proceda a calificar debidamente semejante oportunismo. Está comprobado que es un confusionista, y en consecuencia está bien que le diga que es un confusionista, pues en el Socialismo Peruano es absolutamente inadmisible que alguien intente confundir a los activistas, y nadie proceda a calificar debidamente semejante criollada. Está comprobado que es un desvergonzado, y en consecuencia está bien que le diga que es un desvergonzado, pues en el Socialismo Peruano es absolutamente inadmisible que alguien se muestre campante después de tergiversar a los maestros del proletariado e intentar confundir a los activistas, y nadie proceda a calificar debidamente semejante inescrupulosidad . Etcétera.
En cambio los insultos que, desde nuestra primera controversia, Pérez ha lanzado contra mi persona, no tienen ningún fundamento que no sea su impotencia y su espíritu servil. Ya el 1 de noviembre de 2007, me lanzó esta frase que lo pinta como un vulgar muchacho de barrio: ¡Sea más hombrecito, compañero Ibarra…! Así, pues, el primero en adjetivar fue Pérez precisamente. Sin embargo, falsario y confusionista como es, trata de presentarse como víctima (2).
Existe una radical diferencia entre los adjetivos que he utilizado para calificar las posiciones y los métodos de Pérez y los utilizados por él contra mi persona: mientras los primeros tienen pleno fundamento en los hechos, los segundos no tienen ninguna base real. Esto marca una diferencia entre ambos: mientras yo asumo como justos por justificados los calificativos que he utilizado, Pérez actúa con hipocresía: dice que no adjetiva, cuando la verdad monda y lironda es que adjetiva. Este viejo truco lo pinta de cuerpo entero.
II
Como en otros lugares, en el artículo que comento Pérez sólo atina a juntar algunas afirmaciones ajenas y propias sobre las discrepancias entre la Tercera Internacional y Mariátegui, como si en el movimiento alguien negara estas discrepancias; sobre los socialistas limeños y los comunistas cuzqueños, como si en el movimiento alguien negara la discrepancias que existieron entre ambos grupos; sobre la Internacional Comunista y el Partido Socialista del Perú, como si en el movimiento alguien negara la realidad de las infundadas críticas hechas por la Internacional después de abril de 1930 a la experiencia del PSP. Este proceder es lo que se llama escribir a tontas y a locas. Es lo que se llama lanzar palabras al viento. Es lo que se llama emborronar cuartillas. Pérez conoce mis trabajos El partido de masas y de ideas de Mariátegui, Mariátegui y el Partido Socialista del Perú y los primeros acápites de mi artículo Ramón García o la manipulación, publicadas antes de su artículo, y en consecuencia no puede hacer como que ignora mi posición sobre las tres cuestiones señaladas. Pero, amontonando citas ajenas y algunas afirmaciones suyas, espera aparecer ante los lectores como muy defensor de Mariátegui, cuando el debate ha demostrado de un modo irrefutable que sólo levanta a Mariátegui para oponerse a Mariátegui. Este viejo truco lo pinta de cuerpo entero.
Después de sostener que los delegados peruanos a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada en Buenos Aires, “arguyeron” “razones tácticas” a fin de justificar “ante la crítica de los asistentes a la Conferencia ” el nombre de Socialista para el partido peruano, Pérez cita el famoso párrafo de Aniversario y Balance (“En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto…”) (3) y, enseguida, copia una parte del párrafo que sigue: “Capitalismo o socialismo (sic). Este es el problema de nuestra época. No nos anticipemos a las síntesis, a las transacciones, que sólo pueden operarse en la historia” (4). Citando, pues, esta vez, a diferencia de otras veces, un par de líneas más, cree poder evitar la crítica de que desvirtúa el contenido del párrafo mariateguiano, pero, como es obvio, no puede evitarla, pues para ser leal a la verdad de dicho párrafo, es necesario citarlo completo. Veamos esto.
Empezaré citando la aserción de Gobetti que inspiró a Mariátegui: “El verdadero realismo tiene el culto de las fuerzas que crean los resultados, no la admiración de los resultados intelectualísticamente contemplados a priori. El realista sabe que la historia es un reformismo, pero también que el proceso reformístico, en vez de reducirse a una diplomacia de iniciados, es producto de los individuos en cuanto operen como revolucionarios, a través de netas afirmaciones de contrastantes exigencias” (5). Ahora, pues, nadie puede dudar de que el famoso párrafo de Aniversario y balance sea una paráfrasis de la citada aserción gobettiana. En consecuencia, la verdad de esta paráfrasis resulta más transparente todavía: las síntesis, las transacciones entre el capitalismo y el socialismo, sólo pueden darse en la historia, que es un reformismo pero a condición de que los revolucionarios operen como tales, los revolucionarios como Marx, Sorel, Lenin, que excluían absolutamente de su pensamiento y de su praxis tales síntesis y tales transacciones. Como se ve, este contenido nada tiene que ver con la cuestión del nombre del Partido, pero, mutilando el párrafo mariateguiano y, así, utilizando arbitrariamente la pequeña parte que cita de él a efecto de explicar el nombre de PSP (y hasta no hace mucho para justificar el nombre de socialista para su facción), García procede de una manera completamente extraña al espíritu científico, completamente extraña al marxismo. De manera que está claro que lo que hacen Pérez y otros es limitarse a repetir irreflexivamente la tergiversación de García. Esto se llama servilismo.
Pues bien, ahora analicemos la relación de sentido entre los dos párrafos mariateguianos que nos ocupan. En el primero, como se sabe, Mariátegui señala que en los pueblos donde el fenómeno de la degeneración del socialismo no se había producido, esta palabra, la palabra socialismo, conservaba su grandeza, y, por esto, en tales pueblos podía servir todavía de nombre del partido proletario. Este argumento mariateguiano se desprende, pues, de una realidad particular, concreta, y no de algún principio marxista ni de alguna realidad general. La razón dada por Mariátegui es, pues, una razón de carácter particular. En cambio, en el párrafo siguiente –y refiriéndose ya, como se ha visto, a otra cosa– Mariátegui habla de una realidad general, universal: “el problema de nuestra época”. En consecuencia, es evidente que la frase “En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido” y la frase “el problema de nuestra época”, se excluyen mutuamente, y, por esto, no pueden tomarse a la vez como las razones que determinaron el nombre de PSP. Por esta razón, el enunciado “Capitalismo o Socialismo. He aquí el problema de nuestra época”, al ser antojadizamente tomado como referido a la cuestión del nombre del Partido, se revela incompatible con la razón particular expresamente dada por Mariátegui. La cuestión, pues, se presenta así: o la razón del nombre de PSP fue una razón particular, o fue una razón general; o fue la razón particular expresamente dada por Mariátegui, o fue la razón general inventada por García. Si fue lo primero, no pudo haber sido lo segundo, y viceversa, si fue lo segundo, no pudo haber sido lo primero. No obstante, desde hace años García intenta explicar el nombre de PSP tanto con la razón particular de Mariátegui (pero sin reconocer su carácter particular), como con su propia razón general. Esto, a más de ser una tergiversación del pensamiento de Mariátegui en punto al nombre de su Partido, constituye una completa incongruencia.
Cualquier persona, pues, que proceda con la debida honestidad intelectual, tiene que reconocer que el argumento de Mariátegui y el argumento de García se excluyen mutuamente, y que, por esto, no puede apelarse a uno y otro argumento al mismo tiempo. Mariátegui ni fue incoherente ni cometió la torpeza de entrar en contradicción consigo mismo planteando una razón particular y, enseguida, una razón general. Notoriamente, el torpe es García (6).
III
“Dentro del comité organizador del partido, constituido en 1928, él [Mariátegui] se preocupó de organizar una ‘célula’ (o fracción) comunista, encargada de organizar de forma permanente la justa línea política del partido”.
Esto escribió Jorge del Prado en Mariátegui, marxista-leninista, fundador del Partido Comunista Peruano. Primer divulgador y aplicador del marxismo en el Perú, artículo originalmente publicado en la revista Dialéctica, nº8, año II, julio-agosto de 1943, y republicado en José Aricó, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, Ediciones Pasado y Presente, México, 1980, p.85.
“El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas (sic) de toda nuestra historia republicana”
Esto escribió Ramón García en el artículo Aniversario 80 (5), (22.09.07), y publicado por segunda vez en La creación heroica de José Carlos Mariátegui, octubre 2008, p.22.
¿Qué prueba esta analogía? Prueba que García coincide con del Prado. ¿Y qué prueba esta coincidencia? Nada, absolutamente nada. Pues, como es obvio, la cuestión no es si García coincide con del Prado o con Perico de los Palotes. Esto sólo puede ser tomado como argumento por alguien que padece de oportunismo mental. El problema es si la interpretación de Del Prado y de García de la “célula secreta de los siete”, es correcta o no. Por eso, en lugar de hacer analogías, desde el principio del debate sobre la cuestión me centré en demostrar que la idea de un partido de “dos niveles” permanentes: 1) no pertenece a Mariátegui; 2) es una completa falsificación de la verdad histórica del PSP; 3) constituye una negación del carácter de clase del Partido de Mariátegui (7). Pues bien, demostradas estas tres cuestiones, ya se justifica una analogía entre del Prado y García en punto a sus opiniones sobre la “célula de los siete”, pero no con la intención de desacreditar al segundo por el mero hecho de que coincide con el primero, sino sólo porque tiene un valor historiográfico dejar establecido que la antojadiza interpretación de García de dicha célula tiene sus antecedentes no sólo en Hugo Pesce y Julio Portocarrero, sino también en Jorge del Prado.
En cambio la analogía de Pérez es cosa distinta. Primero, porque el debate ha demostrado que la razón de Mariátegui para dar el nombre de Socialista a su Partido fue de carácter particular, concreto, es decir táctico, y por esto todos los falaces argumentos en sentido contrario han caído por tierra. Segundo, porque, en consecuencia, tal analogía no tiene ningún fundamento.
En conclusión, la analogía de Pérez no es un argumento serio, y ni siquiera es un argumento: apenas es un recurso diversionista, y, el hecho de que precisamente este recurso haya inspirado el título de su artículo (título diversionista también), quiere decir que dicha analogía se revela como su “argumento” principal, y, en realidad, como su único “argumento”, es decir, COMO UN MANOTAZO DE AHOGADO.
IV
En el artículo La juventud española contra Primo de Rivera, Mariátegui escribió: “la palabra comunismo puede suscitar supersticiosas aprensiones, aunque la práctica del único estado comunista del mundo - la U.R .S.S.- le enseñe [a Marañón] que no existe entre ambos términos más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios y por la necesidad práctica eventual de distinguir estos dos campos con dos rótulos diversos” (8). Si en Aniversario y Balance el maestro reivindicó, en el contexto y para el contexto particular del Perú de su tiempo, la palabra socialismo, en el párrafo citado reivindicó, en un plano general y para el plano general del mundo, la palabra comunismo. Esta es una realidad que no sólo no tienen en cuenta los nuevos revisionistas criollos, sino que, incluso, tratan de desvirtuarla. No cabe duda: la palabra COMUNISMO les suscita supersticiosas aprensiones. Y, esto es sumamente expresivo. Y hasta sintomático.
Pues bien, por cuanto, como se ve, para Mariátegui los términos socialismo y comunismo son equivalentes en el nivel de sus núcleos de significación, se entiende entonces que la táctica de denominar Socialista a su Partido, equivalía a definirlo Comunista. Por eso, las supersticiosas aprensiones que les suscita a los nuevos revisionistas criollos la palabra TÁCTICA, ocultan mal las que les suscita la palabra COMUNISMO.
Termino con una necesaria observación: Pérez puede, perfectamente, blandir su analogía todas las veces que se le antoje, sencillamente porque nadie puede prohibirle que continúe exhibiendo sus supersticiosas aprensiones, su absoluta falta de argumentos, su oportunismo mental. Así nomás es.
Notas:
[1] La elipsis es mía.
[2] Pérez lanza la piedra y esconde la mano, dice una cosa y hace otra, se muestra odiador y al mismo tiempo lagotero, tergiversa a los maestros y dice que los defiende. Esta ha sido su conducta a lo largo de todos los debates que ha sostenido con el suscrito, y, como se ha comprobado, esta misma es la conducta que acusa en el artículo que examino. De este modo ha demostrado su escaso respecto por los maestros, por los activistas del movimiento e incluso por sí mismo. Así, pues, él mismo se ha descubierto como un espíritu criollo. El mismo ha puesto en evidencia su oportunismo. Él mismo se ha desacreditado. Él mismo ha despostillado su imagen.
[3] El párrafo completo dice: “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido” (t.13, p.249).
[4] Este párrafo continúa así: “Pensamos y sentimos como Gobetti que la historia es un reformismo mas a condición de que los revolucionarios operen como tales. Marx, Sorel, Lenin, he ahí los hombres que hacen la historia” (ibidem, pp.249-250).
[5] 7 Ensayos, p.229. Subrayado en el original.
[6] Precisamente, en el artículo El movimiento comunista, García presenta el primer párrafo como una de las razones de Mariátegui para el nombre de PSP (“En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto después de la guerra…”), y, sin embargo, en el artículo El socialismo peruano dice que el problema de nuestra época “es precisamente la base para sostener el nombre de Partido Socialista”, y más adelante agrega que “si el socialismo es el llamado a reemplazar el capitalismo, se entiende entonces el porqué del nombre de Partido Socialista”. Esta tergiversación le sirve para justificar una idea suya previa, pero, obviamente, este no es el lugar para analizar esta cuestión.
[7] Ver El partido de masas y de ideas de Mariátegui (16.05.08), Mariátegui y el Partido Socialista del Perú (07.10.08), De cómo Ramón García tergiversa a Mariátegui (20.03.09), Acerca de la propuesta de un partido minga (01.02.10), Radiografía de un confusionista (31.07.10), Ramón García o la manipulación III (09.08.10).
[8] T.18, pp.164-165. El subrayado es mío. Esta afirmación de Mariátegui fue publicada en Variedades el 29 de enero de 1930, es decir, siete meses después de la Conferencia Comunista de Buenos Aires, por lo que no es razonable descartar la posibilidad de que sea una respuesta indirecta a los reproches de la Tercera Internacional relativos al nombre del partido peruano y, al mismo tiempo, una explicación a Hugo Pesce y Julio Portocarrero que, en dicha Conferencia, intentaron justificar el nombre del Partido levantando un modelo de partido que no era el de Mariátegui, y que, así, desnaturalizaron el significado que tenía para el maestro el nombre de PSP.
31.08.10.
Eduardo Ibarra.
Nota Bene:
Publicamos a continuación algunas afirmaciones de Eduardo Ibarra que desenmascaran completamente la barata analogía que, huérfano de argumentos, esgrime Pérez en un verdadero manotazo de ahogado.
O7.09.10.
Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (B)
“El nombre científicamente exacto del Partido, es decir, su nombre principista, es el de Comunista, y cualquier otro nombre es científicamente inexacto, no principista, táctico. Mariátegui escribió en setiembre de 1928: “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido” (16). Pues bien, precisamente el Perú de los tiempos de Mariátegui era uno de esos pueblos donde el socialismo recién aparecía en su proceso histórico y, por esto, donde no se había producido todavía su degeneración, razón por la cual la palabra socialismo conservaba incólume su grandeza. A esta situación nacional se refirió Mariátegui el 7 de octubre del mismo año como las “condiciones concretas actuales del Perú” que hacían viable la fundación del Partido con el nombre de Socialista. En consecuencia, resulta claro como el agua que este nombre no se derivó ni del problema de nuestra época ni de ningún principio, sino, como acaba de quedar demostrado una vez más, de las condiciones nacionales del tiempo del maestro. Entonces, si en relación a esta verdad coincido, según Pérez, con del Prado, lo único que esto estaría demostrando es que este revisionista estaba más cerca de la verdad que el dizque marxista Pérez” (Un artículo revelador).
“El primero en señalar, más allá de la organización partidaria, la índole táctica de la decisión de Mariátegui, fue Hugo Pesce en 1929: “Dejo constancia, compañeros, que el partido socialista es sólo una táctica” (Martínez, Apuntes, t.II, p.423). Es posible, por tanto, que Pesce, aunque haciendo en la Conferencia Comunista de Buenos Aires un discurso a cuenta y riesgo suyo, haya utilizado un término utilizado por el propio Mariátegui, quien, con toda seguridad, por las razones señaladas por él mismo, era consciente de que su propuesta acerca del nombre del partido era una elección táctica. En abril de 1943, Jorge del Prado distorsionó los fundamentos de esta táctica, diciendo (a diferencia de Pesce que, por razones diversas a las de Mariátegui, la conceptuaba como correcta), que ella había sido un error (ver Mariátegui, marxista-leninista, fundador del Partido Comunista Peruano, en José Aricó, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, Ediciones Pasado y Presente, México, 1980, p.84). Por mi parte, en el artículo El nombre del Partido, he sostenido: “Después de escribir, en una nota al pie del libro La organización del proletariado, que el nombre de Partido Socialista obedeció a una cuestión de táctica, García muestra ahora una evidente aprensión con respecto a esta palabra. En la introducción a sus cuatro artículos, pregunta: “¿Es cierto que fue por táctica?”. Y hace esta pregunta porque, como se ha visto, él cree que el nombre de Partido Socialista no obedeció a una situación concreta particular. Pero, como se ha visto también, el argumento uno y único de Mariátegui (lo que escribió a propósito de Marañón ratifica lo que había escrito en Aniversario y Balance) y su incontrovertible precisión (“de acuerdo a las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista”), demuestran que su decisión de denominar Socialista al partido del proletariado peruano, fue una decisión táctica. Y no hay por qué temerle a la palabra por el solo hecho de que conocidos oportunistas la han utilizado en medio de argumentos que pretenden que el nombre fundacional del Partido fue un error. Pero no fue un error, tal como lo hemos sostenido arriba, es decir, la decisión de Mariátegui no fue una táctica errónea sino una táctica correcta. Pero considerar que el nombre de Partido Socialista, acordado en setiembre de 1928, se desprende del problema de nuestra época y, por tanto, del hecho de que el socialismo sucede al capitalismo, son lucubraciones de García, y con ellas nada tiene que ver Mariátegui”. Pues bien, las coincidencias formales, pero también las diferencias de fondo, son evidentes y, sin embargo, Pérez no señala estas últimas, evitando así una verdadera aproximación a la cuestión, que, de seguro, le dejaría en claro que del Prado apoyaba su afirmación en argumentos distintos a los míos, y que, por tanto, mi coincidencia es más bien con Pesce, y no sólo porque fue el primero en hablar de táctica fuera de los marcos del Partido, sino porque, pese a ciertas consideraciones equívocas, no dijo que la táctica mariateguiana fuera errónea. Coincidencia relativa, por tanto. Pero Pérez ha preferido hablar de una coincidencia entre el suscrito y del Prado, y esto revela toda la tendenciosidad de su analogía. Pero, ¿cuál es el problema en debate en realidad? ¿No es, acaso, el esclarecimiento de la índole de la decisión de Mariátegui de denominar Socialista a su partido? Por supuesto que sí. En consecuencia, habiéndose demostrado, una y otra vez, que la decisión mariateguiana no se derivó del problema de nuestra época ni de ningún principio del marxismo, sino de la situación concreta del Perú de las primeras décadas del siglo pasado, resulta evidente de toda evidencia que lo que Pérez busca con su martingala es desviar la discusión, es decir, desvirtuar los verdaderos términos del problema” (ibidem).
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