SECCIONES

domingo, 7 de marzo de 2010

Reflujo y Revolución

En Las Tareas del Proletariado en el Período actual (1) hemos señalado que “la peculiaridad fundamental del actual período histórico es el reflujo político general de la revolución y su contraparte: la ofensiva de la contrarrevolución mundial”. Para cualquier marxista que sabe no confundir sus deseos subjetivos con la realidad, e incluso para cualquier persona inteligente que sabe observar los hechos con suficiente objetividad, este aserto no necesita de mayor demostración. Pero aún así, es necesario precisar algunos aspectos esenciales de la cuestión.

I

El reflujo actual es, en primer lugar, el corolario de un largo descensote la revolución a partir, ni más de menos, de un punto de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo; en segundo lugar, es global y estratégico; en tercer lugar, constituye, prácticamente, por su envergadura y profundidad, la conclusión de la primera gran etapa de la revolución proletaria mundial; en cuarto lugar, es relativo y temporal.

La victoria de la revolución en varios países de Europa y Asia en los años finales de la segunda guerra mundial y en los posteriores a su terminación, significó un avance gigantesco del socialismo. El campo socialista internacional llegó a comprender aproximadamente un tercio de la población mundial. En los años 60 y 70 los movimientos de masas y los procesos de revolución armada, especialmente en Asia, África y América latina, cobraron un auge sin precedentes. Antes, en 1959, había triunfado la revolución cubana.

En la segunda mitad de los 60 la revolución cultural china significó un gran avance cualitativo del socialismo y un estímulo invalorable para la lucha de los pueblos de todo el mundo. A mediados de los 70, revolución en Vietnam del Sur, en Camboya y en Laos; a fines de la misma década, en Nicaragua. En todo este período, además, numerosos países africanos conquistaron su independencia. De hecho, ya en los primeros años de los 60 se había configurado una situación de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo.

Pero las significativas derrotas que empezaron a producirse por entonces comenzaron a destruir lo logrado. En efecto, en la segunda mitad de los años 50 empezó a desbordarse una corriente regresiva en los países socialistas. En la segunda mitad de los 60, tanto en la URSS como en la mayoría de países socialistas; el revisionismo se consolidó en el poder.

Consecuencia de ello fue que ya entonces el campo socialista internacional quedó prácticamente desintegrado. El deslinde con el revisionismo contemporáneo significó, por supuesto, desde el punto de vista ideológico una victoria para el proletariado, desde el punto de vista político, la pérdida de gran parte de las posiciones hasta entonces conquistadas. Pero además, en la segunda mitad de los 70, mientras que en China el revisionismo se consolidó en el poder, en Albania la dirección del Partido del Trabajo lanzó un sorpresivo a taque contra Mao que, prácticamente, determinó una nueva escisión en el movimiento comunista internacional.

Por otro lado, desde fines de los 70, pero desde los 80 de un modo más acusado, los movimientos revolucionarios de masas y los procesos de revolución armada empezaron a afrontar serias dificultades. Allí donde no pudieron ser desarticulados, su actividad experimentó, en cada caso en mayor o menor medida, una evidente inflexión. Finalmente, entre 1988 y 1991, en casi todos los países con gobierno revisionista la burguesía pro-occidental (largamente criada y fortalecida por el desarrollo del capitalismo restaurado) asaltó el poder político. Pero también en Albania (donde no se había restaurado el capitalismo) el Partido del Trabajo fue igualmente desplazado de poder por una burguesía pro-occidental. Esto último, sin duda, merece tratamiento específico.

Así pues, como corolario de este largo proceso de derrotas, en modo alguno lineal desde luego, ya a comienzos de los 90 se configuró completamente el actual reflujo.

Hoy las masas no se orientan hacia el socialismo (como en los años 60, por ejemplo). Por supuesto, no es que las masas no luchen de diversos modos. En la época del imperialismo y de la revolución proletaria no es posible ya un desarrollo relativamente pacífico del capitalismo. De aquí que la lucha de clases no se haya reducido a su forma elemental ni mucho menos.

Ahora mismo, existen no solo luchas de diversa naturaleza y específicamente algunas luchas armadas (Filipinas, etc.), sino que en unos u otros países se desarrollaran necesariamente situaciones revolucionarias. Pero no aquellas luchas ni esta necesidad tienen el peso específico como para determinar el carácter de la actual situación mundial. Eso sí, son factores de la revolución que se dan en medio de una situación general de reflujo.

Hay que subrayar, por lo demás, que el proceso de derrotas que ha conducido finalmente a la situación actual, ha implicado también una progresiva contracción de las fuerzas comunistas. Allí donde actualmente existen organizaciones comunistas, éstas se encuentran, por lo general, más o menos aisladas de las masas, o, en todo caso, todavía en una etapa inicial de desarrollo. De hecho, el movimiento comunista internacional y los movimientos comunistas nacionales se han reducido a su mínima expresión. Esta es una realidad que ninguna gimnasia verbal puede ocultar. Hoy por hoy, en consecuencia, en la inmensa mayoría de países, las masas no tienen una dirección proletaria.

En este hecho se constata el inmenso prejuicio que ha ocasionado el revisionismo a la revolución mundial. Pero también la insolvencia política de las fuerzas revolucionarias en no pocos casos. En tanto las fuerzas comunistas de vanguardia no están pues preparadas, en términos generales, para aprovechar las oportunidades revolucionarias en este período, es posible que tales oportunidades sean usufructuadas por otras fuerzas de clase (burguesas o pequeño burguesas; Irán y Nicaragua, incluso antes de la actual situación, son ejemplos de ello). Esto abre la posibilidad de que, en un caso por la propia naturaleza de la burguesía, la revolución se transforme en su contrario (como en Irán precisamente), o que, en otro caso por la debilidad de la pequeña burguesía, la revolución sea fácilmente derrotada (como en Nicaragua precisamente).

Pero además, es posible incluso que la pequeña burguesía reformista usufructúe una situación revolucionaria para desvirtuar la lucha por el poder político (como ya ocurre actualmente en México, por ejemplo). Por lo demás, cuando sostenemos en otro lugar que la resolución del problema del partido no será posible alcanzarla sino en dos o tres décadas, lo que hacemos es plantear una hipótesis con la que queremos expresar lo más aproximadamente posible el curso global probable de los acontecimientos. En cualquier caso, siempre es mejor tener una hipótesis que no tener ninguna. Sin embargo, es un hecho que la vida es más rica que todas las teorías y todas las hipótesis. Por ello es necesario considerar la posibilidad de que, bajo efecto de los acontecimientos, el plazo global previsto se acorte, en unos u otros países en alguna medida.

Pero que así pueda suceder depende entonces sobre todo del volitismo de las fuerzas proletarias, de su capacidad de poner a punto su organización, se su capacidad de movilizar, organizar y armar a las masas, de su capacidad de venir desde atrás. Y, si así sucediera realmente, tanto mejor. Empero, aún existiendo esta posibilidad, sigue en pie el hecho dominante de que en este período las posibilidades de una conducción proletaria de las luchas revolucionarias de las masas son relativamente escasas. No obstante, estas posibilidades existen o pueden existir realmente y, en consecuencia, no pueden negarse sin más. Y, sin embargo, nada de esto cambia la actual situación concreta en el conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases en el ámbito mundial.

Esta situación concreta significa precisamente un retroceso gigantesco de la revolución, y, debido a esta realidad, el proletariado no está, en términos generales, en condiciones de desplegar l lucha directa por el Poder, pero sí, por supuesto, y a ello está obligado, de empeñar la lucha por concentrar todos los factores intelectuales y materiales a fin de conducir hasta la victoria de la revolución cuando y allí donde se presente la oportunidad en el futuro. Por consiguiente, está claro que el actual reflujo es gomal y estratégico.

Este reflujo global y estratégico no es uno como el que siguió, por ejemplo, a la Comuna de París de 1871. Entonces el punto de partida del descenso revolucionario fue la derrota de la única revolución socialista triunfante en el siglo XIX. Por tanto, ese descenso se produjo desde un punto cuantitativamente no muy alto, y, además, en el período de formación del movimiento comunista y cuando era mucho lo que las masas esperaban del socialismo. En cambio, el descenso que ha terminado en la actual situación se ha producido a partir del punto más alto alcanzado por el socialismo en toda su historia (campo internacional, equilibrio estratégico) y en un período en que el movimiento comunista había alcanzado en cierto sentido su madurez organizativa. Por ello, el reflujo actual se expresa en el hecho de que un vasto sector de las masas siente, al parecer, que después de la experiencia vivida no es posible esperar otra cosa distinta del socialismo.

La restauración del capitalismo con su correlato político final, la ascensión al poder de una burguesía tipo occidental, ha provocado en este sector de las masas un estado de ánimo permeable a la propaganda reaccionaria, con la evidente consecuencia de que en su seno cunde actualmente el desconcierto, la confusión, la decepción y hasta una actitud negativa hacia el socialismo. Este sector de las masas toma la bancarrota del revisionismo como fracaso del socialismo, (En su descargo hay que apuntar que si para un militante no siempre es fácil distinguir entre marxismo y revisionismo, para un trabajador común esta distinción resulta todavía más difícil). Así pues, si con la victoria contra el fascismo en la segunda guerra mundial el prestigio del socialismo alcanzó su nivel más alto, hoy ese prestigio ha descendido a su nivel más bajo.

Esta es una realidad que en su configuración definitiva ha jugado también un papel especialmente negativo el revisionismo (tanto el que estuvo en el Poder como en el que se mantiene fuera del Poder; y, evidentemente, más el primero que el segundo). En consecuencia, el actual reflujo constituye, de hecho, por su envergadura y profundidad, la conclusión de una primera gran etapa de la revolución proletaria mundial.

Este reflujo no implica, sin embargo, la liquidación del socialismo ni el aplastamiento de la revolución en todas partes. Esto demuestra, hay que decirlo de paso, que en la historia no hay retrocesos en el sentido de volver exactamente al punto de partida. Al mismo tiempo, este reflujo, como cualquier otro, no es sino una circunstancia pasajera en el proceso general del desarrollo social. Reflexionar de otro modo este problema sería condenarse a negar la dialéctica objetiva de la historia en nombre de una pretenciosa como estéril metafísica del pensamiento. Ya Mariátegui señalaba, por ello, que “un período de reacción burguesa es un período de contra-ofensiva burguesa, pero no de derrota definitiva proletaria” (Obras Completas, tomo 8). Así pues, el reflujo actual es relativo y temporal.

En conclusión, puede decirse que el actual reflujo de la revolución proletaria mundial es global porque abarca al mundo como conjunto, pero, en tanto no abarca al mundo en su conjunto, de hecho no es generalizado. Del mismo modo, puede decirse que la actual situación de reflujo es de una envergadura y una profundidad nunca antes constatadas en la historia de la revolución socialista, pero aún así no es sino un episodio que el proletariado sabrá tramontar en el curso de la lucha por cumplir su misión histórico-universal.

II

¿Cuáles han sido las causas del proceso de derrotas del socialismo que hemos descrito más arriba? O, más exactamente, ¿Cuáles han sido las causas del actual reflujo general de la revolución proletaria mundial?

A nuestro modo de ver, este proceso y su corolario tienen sus causas más profundas en tres hechos. Veamos estos hechos.

En el siglo XIX, o sea en las condiciones del desarrollo fundamentalmente uniforme de los países capitalistas, Marx y Engels plantearon la tesis de que la revolución triunfaría en primer lugar en los países capitalistas más avanzados. Pero la Comuna de París de 1871 fue derrotada y, después, con el surgimiento del imperialismo, los acontecimientos históricos cobraron un curso distinto. Así, en el siglo XX, o sea en las condiciones del desarrollo desigual de los países capitalistas, la revolución triunfó en todos los casos en los países atrasados o relativamente atrasados, lo que presentó la principal desventaja del socialismo. El proletariado triunfante hubo de asumir la tarea de la industrialización y, en cuatro décadas de socialismo, no pudo, naturalmente, alcanzar la victoria económica. Este es el primer hecho.

El proyecto histórico de Marx y Engels comprende, entre otras cosas, la construcción del socialismo sobre la base política de un Estado que no es ya propiamente un Estado, sino un Estado-Comuna, un Estado en extinción; es decir, un Estado sin ejército permanente y sin burocracia; un Estado basado en el pueblo en armas y en la simplificación de la administración y la justicia; un Estado sin cárceles ni policías, sin tribunales ni jueces; un Estado, en suma, basado en la conciencia revolucionaria de las masas. Pero, contrariamente a este proyecto, la revolución triunfante construyó en todos los casos un Estado burocrático-militar, lo que representa la principal distorsión del socialismo. Ciertamente el cerco y la agresión imperialistas permiten explicarse esta distorsión, pero, obviamente, no la justifican. Precisamente esta distorsión posibilitó que el Estado socialista degenerase hasta convertirse en representante de una minoría burocrática completamente extraña a la clase y al pueblo. Y que, por tanto, posibilitase finalmente la restauración del capitalismo. Este es el segundo hecho.

En algunos países, los comunistas no han resuelto todavía correctamente la relación entre la verdad universal de la doctrina y la realidad particular; entre la vanguardia por una parte y la clase y las amplias masas populares por la otra; entre la preparación “pacífica” de la revolución y la revolución armada; lo que representa la principal limitación de la revolución. El dogmatismo en unos casos y el empirismo en otros han impedido hasta el presente que se encuentre y se desarrolle en esos países la forma nacional del marxismo. Por otra parte, en algunos casos se ha caído en “timidez a destiempo” (como en Indonesia, por ejemplo), o, en su defecto, en “extemporánea temeridad” (como en el Perú, por ejemplo). Incluso, en algunos casos (Camboya) se ha luchado sin tener en cuenta la diferencia fundamental entre nosotros y los enemigos. Este es el tercer hecho.

III

El término de la primera etapa de la revolución proletaria mundial no puede ser comprendido por los comunistas conscientes sino como el preludio de una más alta etapa revolucionaria. Al fin y al cabo, no hay mal que por bien no venga.

El mal es, desde luego, las causas que dieron lugar al proceso de derrotas que finalmente terminaron ene. Actual reflujo. Pero, y el bien, ¿dónde está?

El proletariado revolucionario ha evaluado muchas de sus experiencias de lucha, pero sin duda, nunca como ahora ha adquirido conciencia tan plena de la necesidad absoluta de hacer un balance crítico, global sistemático, profundo y multilateral de la experiencia histórica de la revolución y la construcción del socialismo; al mismo tiempo, ha adquirido también conciencia de la necesidad de analizar profundamente las nuevas condiciones de la lucha revolucionaria; resolver los nuevos problemas teóricos y prácticos de la revolución; de dilucidar las perspectivas del socialismo. Y, desde luego, este balance y este análisis no podrán por menos de conducir finalmente a la centralización de las ideas correctas, es decir, a la preparación de todas las potencias intelectuales de la revolución, y, por tanto, también a la centralización de todas las formas de lucha y de organización adecuadas, es decir, a la preparación de todas las potencias materiales de la revolución. De este modo, el proletariado consciente aportará al desarrollo de los factores subjetivos de la revolución, al advenimiento de la próxima gran etapa de la revolución proletaria mundial. Y seguramente, lo harán sin repetir la historia, sin volver a caer en los mismos graves errores del pasado. Lo harán enderezando lo torcido tanto en la teoría como en la práctica. He aquí el bien.

IV

Hemos señalado que la contraparte del reflujo actual es una ofensiva de la contrarrevolución mundial. Esta ofensiva es ideológica, política, militar y económica. Es decir, es una ofensiva general. El imperialismo y la reacción mundial pretenden liquidar todo vestigio de revolución y de socialismo. Estrechan el cerco contra Cuba y acosan a Corea. Y, al mismo tiempo, intervienen en distintas formas e incluso militarmente dondequiera que consideran amenazados sus intereses económicos y políticos. Por supuesto, aquella pretensión contrarrevolucionaria está destinada al fracaso desde el punto de vista estratégico. Pero, sin duda, cada acción concreta del imperialismo y la reacción mundial tienen que ser confrontada teniendo muy en cuenta su verdadera proporción.

En el periodo actual, la correlación de fuerzas a escala mundial es favorable a la contrarrevolución. Pero esta ventaja es solo relativa y temporal. El imperialismo y la reacción mundial, embriagados por sus éxitos momentáneos, se imaginan estar a punto de alcanzar la victoria definitiva sobre la revolución. Tanto peor para ellos. Pues incluso en las condiciones del actual reflujo los factores de la revolución existen y se desenvuelven (es cierto que con grandes dificultades), y por esto mismo no pasará demasiado tiempo para que los acontecimientos les haga ver una realidad distinta. De hecho, la pax imperialista es una ilusión óptica.

Hoy, sin embargo, en un sentido global, la revolución proletaria mundial se encuentra otra vez a la defensiva estratégica.

V

El proceso de la revolución implica avances y retrocesos, flujos y reflujos. Implica periodos de desarrollo lento, a paso de tortuga, y periodos de desarrollo rápidos, a paso de gigante. Por ello Mariátegui sostiene que “la revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene periodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias”. (ibídem). Hoy, precisamente, la revolución experimenta uno de esos periodos de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias. Pero, sin embargo, hay quienes suponen que la revolución mundial no está en reflujo y sostienen que “la situación mundial actual es favorable para iniciar, desarrollar y avanzar la lucha armada revolucionaria por el poder” (como el MRI, por ejemplo); e incluso hay quienes consideran que la revolución está ¡en plena ofensiva estratégica! (como la facción armada de Sendero, por ejemplo).

Es sabido que uno de los defectos fundamentales del materialismo pre-marxista es su incapacidad para comprender las condiciones de la praxis revolucionaria. Por ello, este materialismo es unilateral, es un materialismo pasivo, un semi-materialismo. Contrariamente, el materialismo histórico comprende y exige comprender las condiciones objetivas de la práctica revolucionaria. ¿No es cierto, acaso, que el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta? Así pues, solo el análisis concreto de la situación concreta actual puede permitir y permite reconocer el gigantesco retroceso que ha experimentado la revolución proletaria mundial; solo este análisis puede proporcionar y proporciona el conocimiento exacto del conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases a escala mundial (y a escala del proletariado país), y, por tanto permite establecer las premisas para trazar una correcta táctica revolucionaria, para saber a ciencia cierta a quiénes unir y a quienes golpear, para establecer las formas d e lucha y de organización adecuadas. Para tener una idea lo más precisa posible de qué es lo que se puede lograr en al situación dada y qué no, etc. Por tanto, si en el plano teórico no tener presente los cambios en la situación objetiva significa apartarse del alma viva del marxismo y deslizarse en cierta manera hacia el viejo materialismo, en el plano político establecer una táctica errónea (o no establecer ninguna) constituye prácticamente desarmar las fuerzas propias y otorgarle al enemigo de clase una ventaja que puede ser decisiva para un largo periodo. Pues un partido con táctica errónea solo puede dar palos de ciego y en consecuencia desorientar a las masas; y un partido sin táctica puede ser incluso una máquina de organización, pero en modo alguno una máquina de combate.

Negarse a ver la realidad del reflujo actual no es política marxista; es confundir los deseos subjetivos con la realidad; es obstinarse en una actitud que no se compagina con las tareas del presente; es contravenir los intereses inmediatos y el porvenir del movimiento; es, en suma, perder la orientación. Por ello, repetir en la actual situación ciertas consignas completamente justas del periodo anterior, no es sino, pura fraseología revolucionaria.

El “izquierdismo” no es marxismo. Esto debe saberlo a ciencia cierta todo comunista consciente.

VI

Si el reflujo es un proceso espontáneo de las masas, el repliegue es un movimiento consciente de las fuerzas de vanguardia en razón precisamente del reflujo. El repliegue es, por tanto, una retirada, y, en el caso, actual, una retirada estratégica (¿recuerda el lector La Gran Marcha durante la guerra popular en China?). Pues bien, el repliegue actual tiene como objetivo esencial precisamente la conservación de las propias fuerzas, dar un rodeo, no perder la perspectiva de la lucha por la toma del Poder y hacer lo necesario por crear las condiciones subjetivas de una nueva etapa de la revolución proletaria mundial.

Como es evidente, la táctica debe servir a la estrategia. Por tanto, en una situación de reflujo, incluso como la actual, la táctica revolucionaria no puede ser pasiva sino activa. Esto quiere decir que la táctica debe servir para mantener la iniciativa política, desarrollar las fuerzas propias y desplegar el trabajo de masas.

El actual reflujo de la revolución mundial obliga a un trabajo de crítica y preparación. Mariátegui señala que “el secreto de Lenin está precisamente en su facultad de continuar su trabajo de crítica y preparación si aflojar nunca en su empeño, después de la derrota de la revolución de 1905, en una época de pesimismo y desaliento. Marx y Engels realizaron la mayor parte de su obra, grande por su valor espiritual y científico, aun independientemente de su eficacia revolucionaria, en tiempos que ellos mismos eran los primeros en no considerar de inminencia insurreccional ni el análisis los llevaba a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis”(Defensa del Marxismo).

En este periodo de reflujo, el contenido del trabajo revolucionario es la crítica del orden burgués en todos los aspectos y la preparación de la revolución también en todos los aspectos. Por tanto, si la crítica significa de hecho la construcción de los instrumentos intelectuales de la revolución, la preparación significa, de hecho también, la construcción de sus instrumentos materiales. Así, ni el análisis lleva a los comunistas a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis.

Desde luego, la tarea de crítica y preparación implica asimismo un balance crítico de la propia experiencia revolucionaria y una lucha a fondo contra el revisionismo y el dogmatismo, contra el derechismo y el “izquierdismo”. En el propio seno del proletariado y el pueblo, el derechismo se presente en este tiempo como pesimismo burgués, en principio bajo su forma anímica elemental, pero, en algunos casos, bajo una forma teoréticamente más o menos sistematizada. El proletariado consciente debe desplegar el optimismo histórico propio de su concepción del mundo en la ineludible lucha contra ese pesimismo disolvente.

En los países donde tienen curso luchas armadas revolucionarias, la pregunta es: ¿cómo debe proceder allí, precisamente en una situación como la actual? Es indudable que los revolucionarios de esos países tienen que resolver este problema por ellos mismos. Pero puede decirse que, allí donde las condiciones lo permiten, hay que saber maniobrar, mantenerse y desarrollarse todo lo que sea posible. En una medida ciertamente importante, ello serviría al desarrollo de los factores de la revolución. Y, por tanto, a la estrategia revolucionaria.

VII

En el Perú, las elecciones generales de abril último ( ) son un índice de la temperatura de las masas. De hecho, un grueso sector de las masas ha virado a la derecha. Esto es un elemento esencial de toda la situación objetiva. Pero hay que comprender que este viraje es, también, al fin y al cabo, un resultado de la labor corrosiva del socialismo domesticado y de la labor diversiva del socialismo impaciente.

La presencia del “izquierdismo” armado es una peculiaridad del reflujo en el Perú. En la lucha teórica, el proletariado consciente debe tener en cuenta esta realidad.

Igual que en el mundo, las perspectivas de la revolución en el Perú son brillantes. Esta frase, que parece ser una frase hecha, será sin embargo una realidad viva tan pronto como el proletariado consciente resuelva la cuestión del partido y el problema de las masas, tan pronto como se produzca el necesario viraje en la situación objetiva.

VIII

En el siglo XX el socialismo ha realizado extraordinarias hazañas y ha alcanzado grandes victorias. Entre las hazañas podemos señalar una sobre todo: ni siquiera en las condiciones desventajosas más extremas y enfrentando a los enemigos más poderosos, ningún país socialista pudo ser destruido por la agresión extranjera. En este sentido, el socialismo se mostró como una realidad invencible. Entre las victorias, sin subestimar ninguna, es indudable que las más grandes por su trascendencia fueron la Comuna de París de 1871, la revolución rusa de 1917, la revolución china de 1949 y la revolución cultural china de los años 60.

Pero el socialismo no ha podido en este siglo resolver siempre su principal limitación, no ha podido superar su principal desventaja y no ha podido corregir su principal distorsión. Concretamente, dadas su distorsión y su desventaja principales, la sociedad socialista se reveló como una realidad permeable a la acción disolvente y restauradora de los enemigos internos. En este sentido, se mostró como una realidad precaria.

Desde un punto de vista estratégico, puede decirse que el socialismo en el siglo XX ha sido un ensayo general de la revolución. Y que, por tanto, aprendida la lección, los comunistas sabrán hacer del siglo XXI el siglo del socialismo victorioso, el siglo de un socialismo que no será ya una realidad precaria sino una realidad vitalmente abierta al futuro.

El proceso general de la revolución proletaria abarca un periodo histórico muy prolongado. “En periodos históricos de tal magnitud-señala Marx- veinte años equivalen a un día, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que estén corporizados veinte años” (carta a Engels del 9 de abril de 1863).

Contra todo desaliento y pesimismo, tales días que corporizan veinte años habrán de llegar de todos modos. Y, así, en el nuevo siglo, el socialismo conquistará nuevas victorias, alcanzará otra vez el equilibrio estratégico y aun es posible que no ceje hasta pasar a la ofensiva estratégica.

Todavía ahora un fantasma recorre el mundo: el fantasma del comunismo. Pero esta leyenda burguesa que aterra a los propios burgueses, no es factor de victoria para el socialismo. En este mundo, nada de lo humano cae del cielo. De modo que, para alcanzar la victoria, los comunistas conscientes tienen que hacer que la teoría revolucionaria prenda en las masas. En esto reside todo el secreto de la revolución.

Antonio Humareda
18 de abril de 1995.

No hay comentarios:

Publicar un comentario