Suenan con más fuerza cada día tambores de guerra para un ataque israelí contra Irán
En recientes meses, han estado sonando los tambores de guerra para un ataque militar israelí contra Irán, supuestamente para impedir que Irán obtenga armas nucleares. Dicen que Irán está en una carrera febril para obtenerlas; que si las obtiene, eso amenazaría la mera existencia de Israel; y que al ser necesario, habría que lanzar un ataque militar para impedirlo.
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en junio una cuarta serie de sanciones económicas para castigar a Irán por no cooperar con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y ejercer presión para que negociara el futuro del programa nuclear. Sin embargo, muchas voces de la clase dominante estadounidense afirman que el impacto de tales sanciones será insignificante. Desde su punto de vista, eso aumenta la probabilidad, y el atractivo, de un ataque devastador y una posible guerra contra Irán.
Gran parte del debate público está centrándose en un artículo de Jeffrey Goldberg que salió en el número de septiembre de 2010 de la revista The Atlantic, titulado “The Point of No Return” (El punto de no volverse atrás). Goldberg plantea el problema de la siguiente manera: “¿Quién, si es que alguien pueda hacerlo, parará a Irán antes de que se vuelva nuclear y cómo?” Luego explica “cómo se desenvolverá un ataque aéreo israelí si las cosas siguen tomando su curso actual”. El artículo ha provocado una avalancha de reacciones muy polarizadas, a favor y en contra de un ataque israelí, de parte de una amplia gama de funcionarios, analistas y académicos de peso. (Goldberg es muy conocido por haber escrito un artículo para la revista The New Yorker en 2002, titulado “The Great Terror” (El gran terror), que en la opinión de muchos legitimó el argumento de Bush para atacar a Irak, valiéndose de información no confiable para aducir que había pruebas de una conexión entre Saddam Hussein y al-Qaeda.
*****
Como señala el artículo principal de este número especial, los medios de comunicación estadounidenses proyectan al mundo una imagen del estado de Israel como un reducto de democracia y tolerancia en un mar islámico intolerante, hostil y dedicado a su destrucción. El presidente Obama no ha dudado en decir que Estados Unidos e Israel tienen intereses en común y, lo que es más, tienen “valores compartidos”. No describen ni describirían así a ningún otro país de la región. En otras palabras, Israel en verdad “representa” a Estados Unidos en el Medio Oriente.
Eso crea el marco para la manera en que la mayoría de la población estadounidense ve el conflicto entre Israel e Irán. Se dice ahora que la existencia de Israel es amenazada por un gobierno peligroso, islámico y renegado en Irán, el cual podría estar a punto de alcanzar la capacidad nuclear, posiblemente tan pronto como uno a tres años, a menos que se lo impida. Sumando a eso la constante matraca con las declaraciones abiertas del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad de que Israel debe ser, y será, borrado del mapa, y con sus dudas sobre la realidad histórica del exterminio masivo de la gente judía por el régimen nazi de Hitler, así la idea de apoyar un ataque preventivo israelí no solamente se presenta como una respuesta justificada, sino como una cuestión de sentido común.
Nosotros, al abordar este tema, debemos ser sumamente cuidadosos antes de creer lo que dice el gobierno estadounidense. Pues se trata del mismo gobierno que afirmó en un momento que Irak bajo Saddam Hussein tenía “armas de destrucción masiva”, y de hecho dijo que era una “clavada” [una certeza]. Tales afirmaciones resultaron ser totalmente falsas y un pretexto para encubrir los verdaderos motivos que impulsaron a Estados Unidos a librar guerra contra Irak. A pesar de eso, la guerra se lanzó bajo ese pretexto, y cientos de miles de iraquíes murieron y muchos más se vieron obligados a exiliarse como resultado.
Por contraste, demostraremos aquí cuáles son los verdaderos intereses de todos los actores, y por qué la gente del mundo no tiene ningún interés en lanzar una guerra contra Irán y tiene todo interés en oponérsela.
¿Qué país del Medio Oriente tiene actualmente armas nucleares?
¿Constituiría una “amenaza existencial” al estado de Israel el posible desarrollo iraní de una capacidad nuclear? ¿Qué naturaleza tendría tal amenaza? Se supone comúnmente en los medios de comunicación masiva, y a la población no se le disuade de suponer lo mismo, que el presunto deseo de Irán de tener armas nucleares se debe a una intención de usarlas de una manera u otra contra Israel. Sin embargo, en sus análisis privados los analistas y funcionarios, tanto israelíes como estadounidenses, efectivamente descartan la probabilidad de que mísiles nucleares iraníes se lancen contra Tel Aviv.
Además, no es del todo claro que Irán esté tratando de producir tales armas. De hecho, Irán ha desarrollado la capacidad de producir combustible nuclear de “grado médico”, y eso representa una capacidad importante, pero queda corto de lo que sería necesario para producir un arma. Y no existe ninguna razón en absoluto de por qué Irán no debe tener el derecho de desarrollar energía nuclear.
Al mismo tiempo, es un “secreto a voces” que Israel ha estado produciendo armas nucleares por más de 40 años y ¡ahora tiene más de cien de ellas! En 1986, Mordechai Vanunu, un técnico nuclear israelí de 31 años de edad, reveló ese “secreto” a la prensa británica, con fotos, a causa de su oposición a las armas de destrucción masiva. El organismo de inteligencia israelí lo raptó y lo llevó a Israel para procesarlo en secreto. Vanunu pasó 18 años en prisión, 11 de ellos en aislamiento, y hasta hoy tiene prohibido hablar de lo que él sabe sobre el programa israelí de armas nucleares. Es archiconocido hoy que Israel tiene un enorme arsenal nuclear con sistemas de lanzamiento por tierra, por mar y aéreos. Como un oficial de defensa israelí le dijo a Goldberg, Irán sabe “que Israel tiene una capacidad ilimitada de represalias”, una referencia velada a su arsenal nuclear de segundo ataque, y “creemos que ellos saben que están poniendo en peligro la civilización persa”. Aún así, la percepción pública en Estados Unidos es que las armas nucleares en manos de Israel son aceptables, pero en manos de Irán son de alguna manera potencialmente un enorme peligro.
Dicen que si Irán produce un arma nuclear o llega a tener la capacidad de enriquecer una cantidad de uranio suficiente para producir un arma nuclear, eso podría desestabilizar las relaciones de poder que existen en el Medio Oriente, Asia central y más allá. Dicen que sería un indicio más de que Israel, y su existencia como país dominante de la región que representa los intereses de Estados Unidos al mismo tiempo que actúa en beneficio de lo que considera los suyos, enfrentara ahora un desafío cohesionado, surgido desde el interior de la región. Los cambios y repercusiones que resultarían de tal desafío a la hegemonía regional de Israel y Estados Unidos, y su desarrollo posterior, en algún momento podrían poner en tela de juicio el futuro de Israel como reducto intocable de Estados Unidos y amenazar su propia estabilidad.
Hay algo de verdad en todo eso. Pero sirve para ocultar una verdad mayor: esos cambios ya se están dando y, tenga Irán armas nucleares o no, Estados Unidos e Israel quieren poner fin a esa tendencia. La polémica reciente sobre el artículo de Goldberg, y otros sucesos similares y relacionados, señalan que están amenazando con más urgencia al régimen iraní y están haciendo preparativos serios para una agresión militar al respecto.
Por qué es posible que Estados Unidos y/o Israel ataquen a Irán
Las invasiones y ocupaciones estadounidenses, primero de Afganistán y luego de Irak, han traído enorme sufrimiento a las poblaciones de esos países, a la vez que han trastornado radicalmente el balance de poder que existía previamente en el Medio Oriente y Asia central. Sin embargo, para Estados Unidos correr ese riesgo fue necesario para transformar la región en una estratégicamente más favorable a los intereses imperialistas estadounidenses. Dichos intereses, debemos entender, suponen la dominación de la región como una fuente importante de petróleo y un cruce geoestratégico. Y la promoción de dichos intereses requiere, y ha requerido, sentenciar a los cientos de millones de habitantes de la región a indecibles privaciones, sufrimiento, humillación, represión, exilio y matanzas. La llamada guerra contra el terror lanzada por Bush fijó un rumbo para Estados Unidos que Obama sigue agresivamente.
El régimen iraní, en el centro geopolítico de muchas decisivas contradicciones mundiales, tiene sus propias ambiciones en la región. Está relacionándose y desarrollando vínculos con otros emergentes centros de poder rivales en el mundo, incluidos Rusia y China. Por ejemplo, China actualmente importa grandes cantidades de petróleo y gas natural de Irán, y le vende el 30% de sus productos de petróleo refinado. Rusia proporcionaba sistemas de armas defensivas a Irán hasta que las recientes sanciones de la ONU pusieron fin al comercio. Todo eso le está dando a Irán más campo para maniobrar y desafiar a Estados Unidos. Como un estado islámico fundamentalista reaccionario relativamente cohesionado, Irán también propone ser el modelo político e ideológico para una alternativa a la dirección en que el imperialismo estadounidense quiere llevar los países del Medio Oriente y del mundo.
Irán NO está desafiando el sistema del imperialismo en sí, con su división del mundo en naciones opresoras y naciones oprimidas. Pero SÍ está jugando un papel contrario al deseo de Estados Unidos de mantener su dominio abrumador en la región. Hemos notado arriba los crecientes vínculos de Irán con China y Rusia. También hay otras fuerzas y otros fenómenos. Por ejemplo, Turquía ha estrechado sus vínculos con Irán. Junto con Brasil, el gobierno turco hace poco propuso una iniciativa diplomática alternativa para el programa nuclear iraní, muy al desagrado de Estados Unidos. El punto es que, aunque Estados Unidos e Israel tienen toda intención de impedir que Irán desarrolle más su capacidad nuclear, esa no es la razón principal que los impulsa.
Durante todo un período, Irán ha estado cobrando influencia y chocando indirectamente en el frente militar con intereses estadounidenses e israelíes: en Irak, por medio de sus extensas relaciones en el gobierno actual e influencia con la oposición chiíta a la ocupación estadounidense; en Líbano y Palestina, por medio de su apoyo al Hezbolá y a Hamas; y extensos lazos e influencia entre algunas capas gobernantes en Afganistán y a cierto grado en Pakistán, que también colindan con Irán. Cuando Bush ordenó aumentar las tropas en Irak en 2007, eso era un cambio de estrategia y de objetivos políticos que buscaba hacer las paces con sectores de los sunitas, aislar y derrotar a al-Qaeda y a las fuerzas anti estadounidenses chiítas, y forjar así un gobierno que no fuera dominado por Irán. Sin embargo, la incapacidad actual de Estados Unidos de formar un gobierno de su agrado en Irak refleja en parte que la contienda ahí entre Estados Unidos e Irán queda sin resolver y que fácilmente podría llegar a ser aguda.
Israel, por su parte, ha demostrado en repetidas ocasiones su disposición a usar, una y otra vez, la fuerza y la violencia abrumadoras para castigar a los aliados de Irán en sus fronteras. En 2006, Israel invadió y bombardeó al Líbano, provocando enorme destrucción y asesinando a más de mil personas, para asestarle un golpe a Hezbolá. En 2007, bombardeó a Siria, presuntamente para eliminar unas instalaciones nucleares, pero hay pruebas de que se trataba de un “ensayo” para un ataque a Irán. Israel invadió a Gaza en diciembre de 2008, bombardeando deliberadamente y sin miramientos a personas e infraestructura civiles, en un ataque al aliado de Irán, Hamas. Y hace poco llevó a cabo el ataque sangriento en aguas internacionales a la flotilla desarmada que llevaba ayuda desde Turquía para los palestinos de Gaza.
Estados Unidos, además de actuar por medio de los israelíes, tiene su propia historia empapada de sangre en la región y actualmente está librando una guerra o agresión militar en Irak, Afganistán, Yemen y Pakistán. También tiene una historia de agresión militar en contra del mismo Irán. E.U. maquinó un golpe militar contra el gobierno secular-nacionalista electo de Mossadeq en 1954. La CIA urdió el derrocamiento de Mossadeq y entonces instauró el régimen sumamente represivo del Sha (gobernante), Reza Pahlevi. Cuando las masas se levantaron para derrocar al Sha en 1977-78, E.U. permitió a los fundamentalistas islámicos, encabezados por el ayatola Jomeini, que tomaran las riendas del poder en preferencia a una verdadera revolución. Al mismo tiempo, los norteamericanos maniobraron para debilitar y controlar este régimen de muchas maneras diferentes, incluso alentando a Irak y a Saddam Hussein en una invasión sangrienta a Irán que prendió una terrible guerra de ocho años en la que E.U. respaldó ambos lados por turno. Cualquier guerra contra Irán sería ampliamente y más o menos correctamente percibida en todas partes del mundo como una continuación de esta historia de agresión y opresión.
Existe una cierta ironía perversa en todo esto. En los años 1980, E.U. estaba contendiendo con la Unión Soviética (la que entonces era una potencia imperialista) por el control del mundo. Como parte de eso, E.U. lo encontró útil atraer y apoyar, con una gran suma de dinero así como armas sofisticadas, a las fuerzas fundamentalistas islámicas que se oponían a la invasión de la Unión Soviética a Afganistán. Al mismo tiempo, Israel hizo algo similar con su batalla contra el movimiento de resistencia palestina, el cual era en gran medida un movimiento nacionalista-secular. Durante la década de los 80, los israelíes también respaldaron las fuerzas fundamentalistas islámicas en Palestina. Esas fuerzas eran entonces y lo son hoy extremadamente reaccionarias, que representan y luchan por relaciones tradicionales extremadamente retrógradas. Pero con la caída de la Unión Soviética, estas empezaron a fusionarse en una fuerza global que cada vez más entraban en conflicto con una dominación de E.U. cada vez más flagrante y sin rival.
Los cálculos nucleares
Si la Republica Islámica de Irán estuviera en posición de adquirir capacidad nuclear, y una vez más, eso está lejos de probarse, eso desafiaría la superioridad militar sin rival de Israel en esta región del mundo. Algunos creen que esto le daría a Irán una “sombrilla nuclear” para más ataques de Hamas y Hezbolá contra Israel, porque Israel no sería capaz de amenazar a Irán de la misma manera que lo hace ahora. Por otro lado, Israel no ha sido capaz de obligar a los palestinos a aceptar la clase de acuerdos que E.U. ha estado intentando imponerles en gran parte por el apoyo de Irán a Hamas.
Irán con una capacidad nuclear también podría alterar en gran medida los cálculos políticos en la región. Eso pondría presión en los estados del golfo Pérsico pro-yanquis (Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y el sultanato de Omán), que ha sido un contrapeso a la oposición contra la dominación de Estados Unidos y de Israel, para cambiar sus alianzas hacia Irán, la nueva potencia regional. Eso también pondría una considerable presión sobre estos para adquirir capacidad nuclear por propia cuenta.
La realidad es que el mundo se está volviendo mucho más peligroso incluso con la propagación de armamento y tecnología nuclear. Pero en realidad el mundo ya ES un lugar muy peligroso, y son principal y abrumadoramente las acciones de Estados Unidos, que tiene muchísimas más armas nucleares en el mundo y es la ÚNICA potencia que las ha usado jamás, las que han creado esta situación y están haciéndolo más peligroso. Esto más que nada señala la urgencia de romper con esta dinámica muy negativa y peligrosa. Y significa romper con la mentalidad limitada de que golpear a Irán mejorará las cosas, más que empeorarlas. Tal ataque, que en sí podría conllevar el uso de armas nucleares, no será sino un caso de poderosos gángsteres que reprimen a gángsteres emergentes. De nuevo, cabe recalcar: la abrumadora mayoría de la gente en el mundo no tiene ningún interés en tomar el lado de un gángster contra el otro.
Cómo sería una respuesta de Irán a un ataque militar de Israel
El ataque militar contra Irán ahora tan resonado puede desenvolverse de muchas maneras. Pero las más probables suponen que Irán tome represalias directa o indirectamente contra objetivos en Israel y Estados Unidos, con impredecibles consecuencias de gran desestabilización que podrían ser difíciles de contener.
En una columna de opinión del 1º de septiembre en el New York Times de Reza Aslan y Bernard Avishai en respuesta directa al artículo de Goldberg, titulado “Stop the War Talk”, los autores discuten una posible respuesta iraní, que creen “que casi seguramente precipitaría una guerra regional devastadora con consecuencias globales imprevisibles”. Señalan que “Irán no es Siria”, que carecía de la capacidad de responder a los ataques de Israel sobre sus instalaciones nucleares. Irán libró una guerra brutal de ocho años contra Irak y podría enfrascarse en una guerra prolongada contra los intereses israelíes y estadounidenses. Irán “mantiene unas grandes fuerzas armadas con sistemas de armamento fabricados en Rusia, misiles tierra a tierra, aviones de combate, aviones no tripulados, lanchas de alta velocidad capaces de destruir grandes buques de guerra”. Dicen que Israel se vería impulsado a entrar al Líbano, lo que creen “sumergiría en una guerra a la región entera… y pondría enorme presión sobre los líderes en el Cairo [Egipto] y Amman [Jordania] para que renunciaran a sus tratados de paz con Israel”. Irán dice que atacará a Arabia Saudita también si se permite a los aviones de Israel volar en el espacio aéreo saudita.
De hecho, el New York Times reportó el 17 de septiembre de 2010 que Obama buscará una aprobación para una venta grande de armas a Arabia Saudita, que de acuerdo a funcionarios de la administración y del Pentágono sería principalmente como un componente básico de las defensas regionales del Medio Oriente para cerrarle el paso a Irán. Esto aparentemente incluye decenas de nuevos aviones de combate F-15, 175 helicópteros de ataque y porta-tropas y posiblemente barcos y defensas anti-misiles en el futuro.
Irán podría tomar represalias contra las fuerzas de E.U. en Irak, donde se informa que tiene 30.000 operativos. Podría cerrar el estrecho de Ormuz, por el cual pasan 17 millones de barriles de petróleo cada día, y así hacer disparar los precios del petróleo y devastar la recuperación financiera de Estados Unidos. Y podría provocar una respuesta total de Hezbolá desde el vecino Líbano. Los oficiales militares de Israel indican que están haciendo planes para prevenir tal respuesta; pero se ha reportado que Hezbolá ahora tiene 45.000 cohetes, tres veces la cantidad que tenían antes de la invasión y devastación israelí del Líbano en 2006.
Piense por un minuto acerca de los niveles de horror y sufrimiento encerrados en esas potencialidades. Piense en cómo presentaron al público estadounidense “la eliminación de Irak” como “pan comido”… y piense de lo que ha significado en términos de cientos de miles de muertes iraquíes, millones enviados al exilio, las vidas que han sido arruinadas si no terminadas… y los efectos sobre el medio ambiente y el legado arqueológico de la humanidad. Ahora piense de nuevo sobre lo que estos imperialistas están tan calculadamente amenazando y planeando — y arriesgando de manera tan demente.
El que exista apoyo importante en los centros de poder de E.U. y de Israel para correr ese riesgo, y que lo están anticipando, preparando y justificando en tiempos cuando E.U. está confrontando mayores dificultades en las ocupaciones y guerras de Irak, Afganistán y Pakistán, es una declaración poderosa que el ascenso del régimen iraní sea considerado una amenaza tan grande para los intereses estratégicos de E.U. y de Israel en la región, y aparte de eso, por riesgosas que sean las consecuencias potenciales de otra guerra contra un país del Medio Oriente, será peor la alternativa.
* * * * *
Sentados en este país imperialista tenemos una responsabilidad particular de oponernos al imperialismo de E.U., a nuestra “propia” clase dominante y a lo que está haciendo en el mundo. Y eso incluye oponerse a lo que está haciendo Israel, el matón de E.U. en la región. La “amenaza existencial” que enfrenta Israel es producto de su rol como puesto de avanzada de los yanquis, llevando a cabo los intereses de E.U. en el Medio Oriente. Los objetivos, intereses y grandes planes de E.U. y de Israel no son nuestros intereses; éstos no son los intereses de la gran mayoría de la gente de E.U. ni de la abrumadora mayoría de las personas en el mundo en general. Y las dificultades en las que esas potencias se han metido para lograr sus intereses no deben ser vistas y respondidas desde el punto de vista de los imperialistas y sus intereses, sino desde el punto de vista de la gran mayoría de la humanidad y de la necesidad básica y urgente de la humanidad de tener un mundo mejor y diferente, de otro camino.
Eso no cambia el hecho de que los fundamentalistas islámicos también son fuerzas “históricamente anticuadas” y reaccionarias. No cambia el carácter reaccionario de su oposición al imperialismo y a lo que este conduce y de la dinámica de la que es parte, la cual tampoco representa los intereses de la gente del mundo. Es muy importante entender y luchar por que otros entiendan que si alguien termina por apoyar a cualquiera de esas dos fuerzas “históricamente anticuadas”, contribuye a fortalecer a ambas. Es crucial zafarse de esa dinámica.
En los pasajes de la charla de Bob Avakian, Forjar otro camino, que también aparecen en este número de Revolución, éste dice que aunque existe algo de verdad en la “guerra contra el terror”, en esencia propone alejar la atención de las personas de “las profundas desigualdades y las relaciones opresivas que existen en distintas sociedades pero, especialmente, a nivel mundial”, bajo la dominación del imperialismo yanqui en particular. Recalca la necesidad de examinar más profundamente las relaciones fundamentales en el mundo y los efectos y consecuencias de eso y las formas en que eso es la causa de los acontecimientos ahora en el mundo, incluyendo lo que los gobernantes de este país llaman su “guerra contra el terror”.
Elegir entre estos dos sectores “anticuados”, incluso sobre la base de “pero tenemos que estar protegidos” de los peligros que este mundo profundamente torcido ha originado, conduce a una salida muy mala. Para tener una comprensión correcta de la situación y avanzar hacia la única resolución posible que sirva a los intereses de la humanidad, quiere decir reconocer que en esencia esta no es una “guerra contra el terror”. Como dice Bob Avakian en Forjar otro camino: “En esencia no es una ‘guerra contra el terror’ sino una guerra por el imperio. La confrontación con el fundamentalismo islámico y con otras fuerzas (inclusive fuerzas que tienen tácticas y métodos que se puede decir legítimamente que son ‘terroristas’) tiene lugar en ese contexto y ese contenido de una guerra por el imperio y en esencia en ese marco”.
Las fuentes de este artículo saldrán próximamente en línea en revcom.us.
"Polémica Revolucionaria" es un espacio con una definida orientación socialista que propugna el debate y centralización de las ideas correctas dentro del movimiento revolucionario de vangaurdia con respecto a los problemas actuales de la revolución internacional y nacional.
martes, 12 de octubre de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
El Partido de Mariátegui Hoy
Como resultado de la cada vez más consciente asunción de la verdad histórica del PSP, el Socialismo Peruano se presenta actualmente como un movimiento en cuyo seno se opera un proceso de centralización ideológico-teórica y concentración político-orgánica. Este proceso constituye una etapa superior en la lucha por la Reconstitución y, por esto, con más verdad que nunca, puede decirse que hoy por hoy tenemos ante nosotros “la señal de un período avanzado del proceso revolucionario” (1).
Pero, en la medida en que todas las tendencias y facciones reclaman para sí la condición de continuadoras del pensamiento de Mariátegui, la confusión no es poca y, por tanto, no es poca tampoco la necesidad de un esclarecimiento definitivo. En relación a algunos casos, basta remitir al lector a nuestro artículo Acerca de la propuesta de un partido minga, y agregar aquí una conclusión lógica: el PCP (Unidad), el PCP (Patria Roja), el PCP (Sendero Luminoso), el Partido Socialista Peruano y otras facciones y tendencias por el estilo, no continúan a Mariátegui ni en lo ideológico, ni en lo teórico, ni en lo político, ni en lo orgánico. Ciertamente todas ellas hablan de Mariátegui, pero su práctica niega completamente que lo sigan en los cuatro aspectos mencionados.
En cambio, en la medida en que Ramón García y sus repetidores hacen mucho ruido acerca de su pretendida condición de continuadores de Mariátegui, es menester reseñar aquí algunas posiciones suyas que dan al traste con semejante pretensión: 1) negación de la filiación marxista-leninista de Mariátegui; 2) negación del carácter marxista-leninista del PSP; 3) negación del marxismo-leninismo como el aspecto general de la base de unidad del Partido; 4) silenciamiento del revisionismo; 5) encubrimiento de la restauración capitalista; 6) reivindicación de revisionistas como Tito, Liu Shaoqi, Brezhnev, Gorbachov, Arroyo Posadas y otros; 7) negación de la estrategia mariateguiana con aquello de construir “los gérmenes del socialismo” en las condiciones de la sociedad capitalista; 8) tergiversación de la concepción del partido de clase de Mariátegui; 9) abandono de la Reconstitución; 10) conculcación de la independencia de clase del proletariado con la propuesta de “una organización de proyección nacional”.
Todas estas posiciones se resumen en la formulación que hace García de la base de unidad de su facción: “Marxismo, Camino de Mariátegui, Política Concreta”. Pues con lo de “marxismo”, escamotea el desarrollo universal de la teoría proletaria y, así, sienta una base para la unidad partidaria con toda suerte de oportunismo y revisionismo; con lo de “camino de Mariátegui”, intenta pasar como elementos del mismo las posiciones reseñadas en el párrafo anterior; y, con lo de “política concreta”, busca imponer su revolucionarismo verbal (“relación programa reivindicativo-programa prospectivo”) y su reformismo real (construcción de “los gérmenes del socialismo” en la sociedad actual).
Finalmente, la tendencia proletaria aparece continuando a Mariátegui en lo ideológico (adhesión a la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao); en lo teórico (desarrollo del Camino de Mariátegui); en lo político (lucha por la conquista del poder); y, en lo orgánico (reconstitución del PSP de acuerdo a la realidad actual), tal como se ha fundamentado sobre todo en los trabajos Mariátegui y el Partido Socialista del Perú, Mariátegui y el leninismo, Mariátegui y la base de unidad del partido, Apuntes sobre el socialismo peruano y El partido de masas y de ideas de Mariátegui.
Esta es la lucha de la tendencia proletaria, esta es la situación del Partido de Mariátegui hoy, en el gran sentido histórico del término. Marchamos en pequeño grupo unido por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en un grupo aparte y que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre nosotros comienzan a gritar: “¡Vamos al pantano!” Y cuando se intenta avergonzarlos, replican: “¡Qué gente tan atrasada sois! ¡Cómo no os avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor!” ¡Ah, sí, señores, libres sois no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor os plazca, incluso al pantano; hasta consideramos que vuestro verdadero puesto está precisamente en él, y nos sentimos dispuestos a prestaros toda la colaboración que esté a nuestro alcance para trasladaros allí a vosotros! ¡Pero en tal caso soltad nuestras manos, no os agarréis a vosotros, ni ensuciéis la gran palabra libertad, porque nosotros también somos “libres” para ir adonde nos parezca, libres para luchar no sólo contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían hacia él! (2).
Dejando que los muertos entierren a sus muertos, los revolucionarios proletarios sabrán cumplir bien sus jornadas en la lucha por reconstituir el partido que Mariátegui constituyó como el instrumento fundamental de la revolución peruana.
Así, pues, hasta la exitosa culminación de la Reconstitución, y después de ella, y siempre, “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”.
Notas
[1] Mariátegui, t.13, p.109.
[2] Lenin, ¿Qué Hacer?
¡Defender el pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!
14.02.10.
Eduardo Ibarra.
Pero, en la medida en que todas las tendencias y facciones reclaman para sí la condición de continuadoras del pensamiento de Mariátegui, la confusión no es poca y, por tanto, no es poca tampoco la necesidad de un esclarecimiento definitivo. En relación a algunos casos, basta remitir al lector a nuestro artículo Acerca de la propuesta de un partido minga, y agregar aquí una conclusión lógica: el PCP (Unidad), el PCP (Patria Roja), el PCP (Sendero Luminoso), el Partido Socialista Peruano y otras facciones y tendencias por el estilo, no continúan a Mariátegui ni en lo ideológico, ni en lo teórico, ni en lo político, ni en lo orgánico. Ciertamente todas ellas hablan de Mariátegui, pero su práctica niega completamente que lo sigan en los cuatro aspectos mencionados.
En cambio, en la medida en que Ramón García y sus repetidores hacen mucho ruido acerca de su pretendida condición de continuadores de Mariátegui, es menester reseñar aquí algunas posiciones suyas que dan al traste con semejante pretensión: 1) negación de la filiación marxista-leninista de Mariátegui; 2) negación del carácter marxista-leninista del PSP; 3) negación del marxismo-leninismo como el aspecto general de la base de unidad del Partido; 4) silenciamiento del revisionismo; 5) encubrimiento de la restauración capitalista; 6) reivindicación de revisionistas como Tito, Liu Shaoqi, Brezhnev, Gorbachov, Arroyo Posadas y otros; 7) negación de la estrategia mariateguiana con aquello de construir “los gérmenes del socialismo” en las condiciones de la sociedad capitalista; 8) tergiversación de la concepción del partido de clase de Mariátegui; 9) abandono de la Reconstitución; 10) conculcación de la independencia de clase del proletariado con la propuesta de “una organización de proyección nacional”.
Todas estas posiciones se resumen en la formulación que hace García de la base de unidad de su facción: “Marxismo, Camino de Mariátegui, Política Concreta”. Pues con lo de “marxismo”, escamotea el desarrollo universal de la teoría proletaria y, así, sienta una base para la unidad partidaria con toda suerte de oportunismo y revisionismo; con lo de “camino de Mariátegui”, intenta pasar como elementos del mismo las posiciones reseñadas en el párrafo anterior; y, con lo de “política concreta”, busca imponer su revolucionarismo verbal (“relación programa reivindicativo-programa prospectivo”) y su reformismo real (construcción de “los gérmenes del socialismo” en la sociedad actual).
Finalmente, la tendencia proletaria aparece continuando a Mariátegui en lo ideológico (adhesión a la teoría de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao); en lo teórico (desarrollo del Camino de Mariátegui); en lo político (lucha por la conquista del poder); y, en lo orgánico (reconstitución del PSP de acuerdo a la realidad actual), tal como se ha fundamentado sobre todo en los trabajos Mariátegui y el Partido Socialista del Perú, Mariátegui y el leninismo, Mariátegui y la base de unidad del partido, Apuntes sobre el socialismo peruano y El partido de masas y de ideas de Mariátegui.
Esta es la lucha de la tendencia proletaria, esta es la situación del Partido de Mariátegui hoy, en el gran sentido histórico del término. Marchamos en pequeño grupo unido por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en un grupo aparte y que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre nosotros comienzan a gritar: “¡Vamos al pantano!” Y cuando se intenta avergonzarlos, replican: “¡Qué gente tan atrasada sois! ¡Cómo no os avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor!” ¡Ah, sí, señores, libres sois no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor os plazca, incluso al pantano; hasta consideramos que vuestro verdadero puesto está precisamente en él, y nos sentimos dispuestos a prestaros toda la colaboración que esté a nuestro alcance para trasladaros allí a vosotros! ¡Pero en tal caso soltad nuestras manos, no os agarréis a vosotros, ni ensuciéis la gran palabra libertad, porque nosotros también somos “libres” para ir adonde nos parezca, libres para luchar no sólo contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían hacia él! (2).
Dejando que los muertos entierren a sus muertos, los revolucionarios proletarios sabrán cumplir bien sus jornadas en la lucha por reconstituir el partido que Mariátegui constituyó como el instrumento fundamental de la revolución peruana.
Así, pues, hasta la exitosa culminación de la Reconstitución, y después de ella, y siempre, “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”.
Notas
[1] Mariátegui, t.13, p.109.
[2] Lenin, ¿Qué Hacer?
¡Defender el pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!
14.02.10.
Eduardo Ibarra.
domingo, 7 de marzo de 2010
Reflujo y Revolución
En Las Tareas del Proletariado en el Período actual (1) hemos señalado que “la peculiaridad fundamental del actual período histórico es el reflujo político general de la revolución y su contraparte: la ofensiva de la contrarrevolución mundial”. Para cualquier marxista que sabe no confundir sus deseos subjetivos con la realidad, e incluso para cualquier persona inteligente que sabe observar los hechos con suficiente objetividad, este aserto no necesita de mayor demostración. Pero aún así, es necesario precisar algunos aspectos esenciales de la cuestión.
I
El reflujo actual es, en primer lugar, el corolario de un largo descensote la revolución a partir, ni más de menos, de un punto de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo; en segundo lugar, es global y estratégico; en tercer lugar, constituye, prácticamente, por su envergadura y profundidad, la conclusión de la primera gran etapa de la revolución proletaria mundial; en cuarto lugar, es relativo y temporal.
La victoria de la revolución en varios países de Europa y Asia en los años finales de la segunda guerra mundial y en los posteriores a su terminación, significó un avance gigantesco del socialismo. El campo socialista internacional llegó a comprender aproximadamente un tercio de la población mundial. En los años 60 y 70 los movimientos de masas y los procesos de revolución armada, especialmente en Asia, África y América latina, cobraron un auge sin precedentes. Antes, en 1959, había triunfado la revolución cubana.
En la segunda mitad de los 60 la revolución cultural china significó un gran avance cualitativo del socialismo y un estímulo invalorable para la lucha de los pueblos de todo el mundo. A mediados de los 70, revolución en Vietnam del Sur, en Camboya y en Laos; a fines de la misma década, en Nicaragua. En todo este período, además, numerosos países africanos conquistaron su independencia. De hecho, ya en los primeros años de los 60 se había configurado una situación de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo.
Pero las significativas derrotas que empezaron a producirse por entonces comenzaron a destruir lo logrado. En efecto, en la segunda mitad de los años 50 empezó a desbordarse una corriente regresiva en los países socialistas. En la segunda mitad de los 60, tanto en la URSS como en la mayoría de países socialistas; el revisionismo se consolidó en el poder.
Consecuencia de ello fue que ya entonces el campo socialista internacional quedó prácticamente desintegrado. El deslinde con el revisionismo contemporáneo significó, por supuesto, desde el punto de vista ideológico una victoria para el proletariado, desde el punto de vista político, la pérdida de gran parte de las posiciones hasta entonces conquistadas. Pero además, en la segunda mitad de los 70, mientras que en China el revisionismo se consolidó en el poder, en Albania la dirección del Partido del Trabajo lanzó un sorpresivo a taque contra Mao que, prácticamente, determinó una nueva escisión en el movimiento comunista internacional.
Por otro lado, desde fines de los 70, pero desde los 80 de un modo más acusado, los movimientos revolucionarios de masas y los procesos de revolución armada empezaron a afrontar serias dificultades. Allí donde no pudieron ser desarticulados, su actividad experimentó, en cada caso en mayor o menor medida, una evidente inflexión. Finalmente, entre 1988 y 1991, en casi todos los países con gobierno revisionista la burguesía pro-occidental (largamente criada y fortalecida por el desarrollo del capitalismo restaurado) asaltó el poder político. Pero también en Albania (donde no se había restaurado el capitalismo) el Partido del Trabajo fue igualmente desplazado de poder por una burguesía pro-occidental. Esto último, sin duda, merece tratamiento específico.
Así pues, como corolario de este largo proceso de derrotas, en modo alguno lineal desde luego, ya a comienzos de los 90 se configuró completamente el actual reflujo.
Hoy las masas no se orientan hacia el socialismo (como en los años 60, por ejemplo). Por supuesto, no es que las masas no luchen de diversos modos. En la época del imperialismo y de la revolución proletaria no es posible ya un desarrollo relativamente pacífico del capitalismo. De aquí que la lucha de clases no se haya reducido a su forma elemental ni mucho menos.
Ahora mismo, existen no solo luchas de diversa naturaleza y específicamente algunas luchas armadas (Filipinas, etc.), sino que en unos u otros países se desarrollaran necesariamente situaciones revolucionarias. Pero no aquellas luchas ni esta necesidad tienen el peso específico como para determinar el carácter de la actual situación mundial. Eso sí, son factores de la revolución que se dan en medio de una situación general de reflujo.
Hay que subrayar, por lo demás, que el proceso de derrotas que ha conducido finalmente a la situación actual, ha implicado también una progresiva contracción de las fuerzas comunistas. Allí donde actualmente existen organizaciones comunistas, éstas se encuentran, por lo general, más o menos aisladas de las masas, o, en todo caso, todavía en una etapa inicial de desarrollo. De hecho, el movimiento comunista internacional y los movimientos comunistas nacionales se han reducido a su mínima expresión. Esta es una realidad que ninguna gimnasia verbal puede ocultar. Hoy por hoy, en consecuencia, en la inmensa mayoría de países, las masas no tienen una dirección proletaria.
En este hecho se constata el inmenso prejuicio que ha ocasionado el revisionismo a la revolución mundial. Pero también la insolvencia política de las fuerzas revolucionarias en no pocos casos. En tanto las fuerzas comunistas de vanguardia no están pues preparadas, en términos generales, para aprovechar las oportunidades revolucionarias en este período, es posible que tales oportunidades sean usufructuadas por otras fuerzas de clase (burguesas o pequeño burguesas; Irán y Nicaragua, incluso antes de la actual situación, son ejemplos de ello). Esto abre la posibilidad de que, en un caso por la propia naturaleza de la burguesía, la revolución se transforme en su contrario (como en Irán precisamente), o que, en otro caso por la debilidad de la pequeña burguesía, la revolución sea fácilmente derrotada (como en Nicaragua precisamente).
Pero además, es posible incluso que la pequeña burguesía reformista usufructúe una situación revolucionaria para desvirtuar la lucha por el poder político (como ya ocurre actualmente en México, por ejemplo). Por lo demás, cuando sostenemos en otro lugar que la resolución del problema del partido no será posible alcanzarla sino en dos o tres décadas, lo que hacemos es plantear una hipótesis con la que queremos expresar lo más aproximadamente posible el curso global probable de los acontecimientos. En cualquier caso, siempre es mejor tener una hipótesis que no tener ninguna. Sin embargo, es un hecho que la vida es más rica que todas las teorías y todas las hipótesis. Por ello es necesario considerar la posibilidad de que, bajo efecto de los acontecimientos, el plazo global previsto se acorte, en unos u otros países en alguna medida.
Pero que así pueda suceder depende entonces sobre todo del volitismo de las fuerzas proletarias, de su capacidad de poner a punto su organización, se su capacidad de movilizar, organizar y armar a las masas, de su capacidad de venir desde atrás. Y, si así sucediera realmente, tanto mejor. Empero, aún existiendo esta posibilidad, sigue en pie el hecho dominante de que en este período las posibilidades de una conducción proletaria de las luchas revolucionarias de las masas son relativamente escasas. No obstante, estas posibilidades existen o pueden existir realmente y, en consecuencia, no pueden negarse sin más. Y, sin embargo, nada de esto cambia la actual situación concreta en el conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases en el ámbito mundial.
Esta situación concreta significa precisamente un retroceso gigantesco de la revolución, y, debido a esta realidad, el proletariado no está, en términos generales, en condiciones de desplegar l lucha directa por el Poder, pero sí, por supuesto, y a ello está obligado, de empeñar la lucha por concentrar todos los factores intelectuales y materiales a fin de conducir hasta la victoria de la revolución cuando y allí donde se presente la oportunidad en el futuro. Por consiguiente, está claro que el actual reflujo es gomal y estratégico.
Este reflujo global y estratégico no es uno como el que siguió, por ejemplo, a la Comuna de París de 1871. Entonces el punto de partida del descenso revolucionario fue la derrota de la única revolución socialista triunfante en el siglo XIX. Por tanto, ese descenso se produjo desde un punto cuantitativamente no muy alto, y, además, en el período de formación del movimiento comunista y cuando era mucho lo que las masas esperaban del socialismo. En cambio, el descenso que ha terminado en la actual situación se ha producido a partir del punto más alto alcanzado por el socialismo en toda su historia (campo internacional, equilibrio estratégico) y en un período en que el movimiento comunista había alcanzado en cierto sentido su madurez organizativa. Por ello, el reflujo actual se expresa en el hecho de que un vasto sector de las masas siente, al parecer, que después de la experiencia vivida no es posible esperar otra cosa distinta del socialismo.
La restauración del capitalismo con su correlato político final, la ascensión al poder de una burguesía tipo occidental, ha provocado en este sector de las masas un estado de ánimo permeable a la propaganda reaccionaria, con la evidente consecuencia de que en su seno cunde actualmente el desconcierto, la confusión, la decepción y hasta una actitud negativa hacia el socialismo. Este sector de las masas toma la bancarrota del revisionismo como fracaso del socialismo, (En su descargo hay que apuntar que si para un militante no siempre es fácil distinguir entre marxismo y revisionismo, para un trabajador común esta distinción resulta todavía más difícil). Así pues, si con la victoria contra el fascismo en la segunda guerra mundial el prestigio del socialismo alcanzó su nivel más alto, hoy ese prestigio ha descendido a su nivel más bajo.
Esta es una realidad que en su configuración definitiva ha jugado también un papel especialmente negativo el revisionismo (tanto el que estuvo en el Poder como en el que se mantiene fuera del Poder; y, evidentemente, más el primero que el segundo). En consecuencia, el actual reflujo constituye, de hecho, por su envergadura y profundidad, la conclusión de una primera gran etapa de la revolución proletaria mundial.
Este reflujo no implica, sin embargo, la liquidación del socialismo ni el aplastamiento de la revolución en todas partes. Esto demuestra, hay que decirlo de paso, que en la historia no hay retrocesos en el sentido de volver exactamente al punto de partida. Al mismo tiempo, este reflujo, como cualquier otro, no es sino una circunstancia pasajera en el proceso general del desarrollo social. Reflexionar de otro modo este problema sería condenarse a negar la dialéctica objetiva de la historia en nombre de una pretenciosa como estéril metafísica del pensamiento. Ya Mariátegui señalaba, por ello, que “un período de reacción burguesa es un período de contra-ofensiva burguesa, pero no de derrota definitiva proletaria” (Obras Completas, tomo 8). Así pues, el reflujo actual es relativo y temporal.
En conclusión, puede decirse que el actual reflujo de la revolución proletaria mundial es global porque abarca al mundo como conjunto, pero, en tanto no abarca al mundo en su conjunto, de hecho no es generalizado. Del mismo modo, puede decirse que la actual situación de reflujo es de una envergadura y una profundidad nunca antes constatadas en la historia de la revolución socialista, pero aún así no es sino un episodio que el proletariado sabrá tramontar en el curso de la lucha por cumplir su misión histórico-universal.
II
¿Cuáles han sido las causas del proceso de derrotas del socialismo que hemos descrito más arriba? O, más exactamente, ¿Cuáles han sido las causas del actual reflujo general de la revolución proletaria mundial?
A nuestro modo de ver, este proceso y su corolario tienen sus causas más profundas en tres hechos. Veamos estos hechos.
En el siglo XIX, o sea en las condiciones del desarrollo fundamentalmente uniforme de los países capitalistas, Marx y Engels plantearon la tesis de que la revolución triunfaría en primer lugar en los países capitalistas más avanzados. Pero la Comuna de París de 1871 fue derrotada y, después, con el surgimiento del imperialismo, los acontecimientos históricos cobraron un curso distinto. Así, en el siglo XX, o sea en las condiciones del desarrollo desigual de los países capitalistas, la revolución triunfó en todos los casos en los países atrasados o relativamente atrasados, lo que presentó la principal desventaja del socialismo. El proletariado triunfante hubo de asumir la tarea de la industrialización y, en cuatro décadas de socialismo, no pudo, naturalmente, alcanzar la victoria económica. Este es el primer hecho.
El proyecto histórico de Marx y Engels comprende, entre otras cosas, la construcción del socialismo sobre la base política de un Estado que no es ya propiamente un Estado, sino un Estado-Comuna, un Estado en extinción; es decir, un Estado sin ejército permanente y sin burocracia; un Estado basado en el pueblo en armas y en la simplificación de la administración y la justicia; un Estado sin cárceles ni policías, sin tribunales ni jueces; un Estado, en suma, basado en la conciencia revolucionaria de las masas. Pero, contrariamente a este proyecto, la revolución triunfante construyó en todos los casos un Estado burocrático-militar, lo que representa la principal distorsión del socialismo. Ciertamente el cerco y la agresión imperialistas permiten explicarse esta distorsión, pero, obviamente, no la justifican. Precisamente esta distorsión posibilitó que el Estado socialista degenerase hasta convertirse en representante de una minoría burocrática completamente extraña a la clase y al pueblo. Y que, por tanto, posibilitase finalmente la restauración del capitalismo. Este es el segundo hecho.
En algunos países, los comunistas no han resuelto todavía correctamente la relación entre la verdad universal de la doctrina y la realidad particular; entre la vanguardia por una parte y la clase y las amplias masas populares por la otra; entre la preparación “pacífica” de la revolución y la revolución armada; lo que representa la principal limitación de la revolución. El dogmatismo en unos casos y el empirismo en otros han impedido hasta el presente que se encuentre y se desarrolle en esos países la forma nacional del marxismo. Por otra parte, en algunos casos se ha caído en “timidez a destiempo” (como en Indonesia, por ejemplo), o, en su defecto, en “extemporánea temeridad” (como en el Perú, por ejemplo). Incluso, en algunos casos (Camboya) se ha luchado sin tener en cuenta la diferencia fundamental entre nosotros y los enemigos. Este es el tercer hecho.
III
El término de la primera etapa de la revolución proletaria mundial no puede ser comprendido por los comunistas conscientes sino como el preludio de una más alta etapa revolucionaria. Al fin y al cabo, no hay mal que por bien no venga.
El mal es, desde luego, las causas que dieron lugar al proceso de derrotas que finalmente terminaron ene. Actual reflujo. Pero, y el bien, ¿dónde está?
El proletariado revolucionario ha evaluado muchas de sus experiencias de lucha, pero sin duda, nunca como ahora ha adquirido conciencia tan plena de la necesidad absoluta de hacer un balance crítico, global sistemático, profundo y multilateral de la experiencia histórica de la revolución y la construcción del socialismo; al mismo tiempo, ha adquirido también conciencia de la necesidad de analizar profundamente las nuevas condiciones de la lucha revolucionaria; resolver los nuevos problemas teóricos y prácticos de la revolución; de dilucidar las perspectivas del socialismo. Y, desde luego, este balance y este análisis no podrán por menos de conducir finalmente a la centralización de las ideas correctas, es decir, a la preparación de todas las potencias intelectuales de la revolución, y, por tanto, también a la centralización de todas las formas de lucha y de organización adecuadas, es decir, a la preparación de todas las potencias materiales de la revolución. De este modo, el proletariado consciente aportará al desarrollo de los factores subjetivos de la revolución, al advenimiento de la próxima gran etapa de la revolución proletaria mundial. Y seguramente, lo harán sin repetir la historia, sin volver a caer en los mismos graves errores del pasado. Lo harán enderezando lo torcido tanto en la teoría como en la práctica. He aquí el bien.
IV
Hemos señalado que la contraparte del reflujo actual es una ofensiva de la contrarrevolución mundial. Esta ofensiva es ideológica, política, militar y económica. Es decir, es una ofensiva general. El imperialismo y la reacción mundial pretenden liquidar todo vestigio de revolución y de socialismo. Estrechan el cerco contra Cuba y acosan a Corea. Y, al mismo tiempo, intervienen en distintas formas e incluso militarmente dondequiera que consideran amenazados sus intereses económicos y políticos. Por supuesto, aquella pretensión contrarrevolucionaria está destinada al fracaso desde el punto de vista estratégico. Pero, sin duda, cada acción concreta del imperialismo y la reacción mundial tienen que ser confrontada teniendo muy en cuenta su verdadera proporción.
En el periodo actual, la correlación de fuerzas a escala mundial es favorable a la contrarrevolución. Pero esta ventaja es solo relativa y temporal. El imperialismo y la reacción mundial, embriagados por sus éxitos momentáneos, se imaginan estar a punto de alcanzar la victoria definitiva sobre la revolución. Tanto peor para ellos. Pues incluso en las condiciones del actual reflujo los factores de la revolución existen y se desenvuelven (es cierto que con grandes dificultades), y por esto mismo no pasará demasiado tiempo para que los acontecimientos les haga ver una realidad distinta. De hecho, la pax imperialista es una ilusión óptica.
Hoy, sin embargo, en un sentido global, la revolución proletaria mundial se encuentra otra vez a la defensiva estratégica.
V
El proceso de la revolución implica avances y retrocesos, flujos y reflujos. Implica periodos de desarrollo lento, a paso de tortuga, y periodos de desarrollo rápidos, a paso de gigante. Por ello Mariátegui sostiene que “la revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene periodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias”. (ibídem). Hoy, precisamente, la revolución experimenta uno de esos periodos de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias. Pero, sin embargo, hay quienes suponen que la revolución mundial no está en reflujo y sostienen que “la situación mundial actual es favorable para iniciar, desarrollar y avanzar la lucha armada revolucionaria por el poder” (como el MRI, por ejemplo); e incluso hay quienes consideran que la revolución está ¡en plena ofensiva estratégica! (como la facción armada de Sendero, por ejemplo).
Es sabido que uno de los defectos fundamentales del materialismo pre-marxista es su incapacidad para comprender las condiciones de la praxis revolucionaria. Por ello, este materialismo es unilateral, es un materialismo pasivo, un semi-materialismo. Contrariamente, el materialismo histórico comprende y exige comprender las condiciones objetivas de la práctica revolucionaria. ¿No es cierto, acaso, que el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta? Así pues, solo el análisis concreto de la situación concreta actual puede permitir y permite reconocer el gigantesco retroceso que ha experimentado la revolución proletaria mundial; solo este análisis puede proporcionar y proporciona el conocimiento exacto del conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases a escala mundial (y a escala del proletariado país), y, por tanto permite establecer las premisas para trazar una correcta táctica revolucionaria, para saber a ciencia cierta a quiénes unir y a quienes golpear, para establecer las formas d e lucha y de organización adecuadas. Para tener una idea lo más precisa posible de qué es lo que se puede lograr en al situación dada y qué no, etc. Por tanto, si en el plano teórico no tener presente los cambios en la situación objetiva significa apartarse del alma viva del marxismo y deslizarse en cierta manera hacia el viejo materialismo, en el plano político establecer una táctica errónea (o no establecer ninguna) constituye prácticamente desarmar las fuerzas propias y otorgarle al enemigo de clase una ventaja que puede ser decisiva para un largo periodo. Pues un partido con táctica errónea solo puede dar palos de ciego y en consecuencia desorientar a las masas; y un partido sin táctica puede ser incluso una máquina de organización, pero en modo alguno una máquina de combate.
Negarse a ver la realidad del reflujo actual no es política marxista; es confundir los deseos subjetivos con la realidad; es obstinarse en una actitud que no se compagina con las tareas del presente; es contravenir los intereses inmediatos y el porvenir del movimiento; es, en suma, perder la orientación. Por ello, repetir en la actual situación ciertas consignas completamente justas del periodo anterior, no es sino, pura fraseología revolucionaria.
El “izquierdismo” no es marxismo. Esto debe saberlo a ciencia cierta todo comunista consciente.
VI
Si el reflujo es un proceso espontáneo de las masas, el repliegue es un movimiento consciente de las fuerzas de vanguardia en razón precisamente del reflujo. El repliegue es, por tanto, una retirada, y, en el caso, actual, una retirada estratégica (¿recuerda el lector La Gran Marcha durante la guerra popular en China?). Pues bien, el repliegue actual tiene como objetivo esencial precisamente la conservación de las propias fuerzas, dar un rodeo, no perder la perspectiva de la lucha por la toma del Poder y hacer lo necesario por crear las condiciones subjetivas de una nueva etapa de la revolución proletaria mundial.
Como es evidente, la táctica debe servir a la estrategia. Por tanto, en una situación de reflujo, incluso como la actual, la táctica revolucionaria no puede ser pasiva sino activa. Esto quiere decir que la táctica debe servir para mantener la iniciativa política, desarrollar las fuerzas propias y desplegar el trabajo de masas.
El actual reflujo de la revolución mundial obliga a un trabajo de crítica y preparación. Mariátegui señala que “el secreto de Lenin está precisamente en su facultad de continuar su trabajo de crítica y preparación si aflojar nunca en su empeño, después de la derrota de la revolución de 1905, en una época de pesimismo y desaliento. Marx y Engels realizaron la mayor parte de su obra, grande por su valor espiritual y científico, aun independientemente de su eficacia revolucionaria, en tiempos que ellos mismos eran los primeros en no considerar de inminencia insurreccional ni el análisis los llevaba a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis”(Defensa del Marxismo).
En este periodo de reflujo, el contenido del trabajo revolucionario es la crítica del orden burgués en todos los aspectos y la preparación de la revolución también en todos los aspectos. Por tanto, si la crítica significa de hecho la construcción de los instrumentos intelectuales de la revolución, la preparación significa, de hecho también, la construcción de sus instrumentos materiales. Así, ni el análisis lleva a los comunistas a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis.
Desde luego, la tarea de crítica y preparación implica asimismo un balance crítico de la propia experiencia revolucionaria y una lucha a fondo contra el revisionismo y el dogmatismo, contra el derechismo y el “izquierdismo”. En el propio seno del proletariado y el pueblo, el derechismo se presente en este tiempo como pesimismo burgués, en principio bajo su forma anímica elemental, pero, en algunos casos, bajo una forma teoréticamente más o menos sistematizada. El proletariado consciente debe desplegar el optimismo histórico propio de su concepción del mundo en la ineludible lucha contra ese pesimismo disolvente.
En los países donde tienen curso luchas armadas revolucionarias, la pregunta es: ¿cómo debe proceder allí, precisamente en una situación como la actual? Es indudable que los revolucionarios de esos países tienen que resolver este problema por ellos mismos. Pero puede decirse que, allí donde las condiciones lo permiten, hay que saber maniobrar, mantenerse y desarrollarse todo lo que sea posible. En una medida ciertamente importante, ello serviría al desarrollo de los factores de la revolución. Y, por tanto, a la estrategia revolucionaria.
VII
En el Perú, las elecciones generales de abril último ( ) son un índice de la temperatura de las masas. De hecho, un grueso sector de las masas ha virado a la derecha. Esto es un elemento esencial de toda la situación objetiva. Pero hay que comprender que este viraje es, también, al fin y al cabo, un resultado de la labor corrosiva del socialismo domesticado y de la labor diversiva del socialismo impaciente.
La presencia del “izquierdismo” armado es una peculiaridad del reflujo en el Perú. En la lucha teórica, el proletariado consciente debe tener en cuenta esta realidad.
Igual que en el mundo, las perspectivas de la revolución en el Perú son brillantes. Esta frase, que parece ser una frase hecha, será sin embargo una realidad viva tan pronto como el proletariado consciente resuelva la cuestión del partido y el problema de las masas, tan pronto como se produzca el necesario viraje en la situación objetiva.
VIII
En el siglo XX el socialismo ha realizado extraordinarias hazañas y ha alcanzado grandes victorias. Entre las hazañas podemos señalar una sobre todo: ni siquiera en las condiciones desventajosas más extremas y enfrentando a los enemigos más poderosos, ningún país socialista pudo ser destruido por la agresión extranjera. En este sentido, el socialismo se mostró como una realidad invencible. Entre las victorias, sin subestimar ninguna, es indudable que las más grandes por su trascendencia fueron la Comuna de París de 1871, la revolución rusa de 1917, la revolución china de 1949 y la revolución cultural china de los años 60.
Pero el socialismo no ha podido en este siglo resolver siempre su principal limitación, no ha podido superar su principal desventaja y no ha podido corregir su principal distorsión. Concretamente, dadas su distorsión y su desventaja principales, la sociedad socialista se reveló como una realidad permeable a la acción disolvente y restauradora de los enemigos internos. En este sentido, se mostró como una realidad precaria.
Desde un punto de vista estratégico, puede decirse que el socialismo en el siglo XX ha sido un ensayo general de la revolución. Y que, por tanto, aprendida la lección, los comunistas sabrán hacer del siglo XXI el siglo del socialismo victorioso, el siglo de un socialismo que no será ya una realidad precaria sino una realidad vitalmente abierta al futuro.
El proceso general de la revolución proletaria abarca un periodo histórico muy prolongado. “En periodos históricos de tal magnitud-señala Marx- veinte años equivalen a un día, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que estén corporizados veinte años” (carta a Engels del 9 de abril de 1863).
Contra todo desaliento y pesimismo, tales días que corporizan veinte años habrán de llegar de todos modos. Y, así, en el nuevo siglo, el socialismo conquistará nuevas victorias, alcanzará otra vez el equilibrio estratégico y aun es posible que no ceje hasta pasar a la ofensiva estratégica.
Todavía ahora un fantasma recorre el mundo: el fantasma del comunismo. Pero esta leyenda burguesa que aterra a los propios burgueses, no es factor de victoria para el socialismo. En este mundo, nada de lo humano cae del cielo. De modo que, para alcanzar la victoria, los comunistas conscientes tienen que hacer que la teoría revolucionaria prenda en las masas. En esto reside todo el secreto de la revolución.
Antonio Humareda
18 de abril de 1995.
I
El reflujo actual es, en primer lugar, el corolario de un largo descensote la revolución a partir, ni más de menos, de un punto de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo; en segundo lugar, es global y estratégico; en tercer lugar, constituye, prácticamente, por su envergadura y profundidad, la conclusión de la primera gran etapa de la revolución proletaria mundial; en cuarto lugar, es relativo y temporal.
La victoria de la revolución en varios países de Europa y Asia en los años finales de la segunda guerra mundial y en los posteriores a su terminación, significó un avance gigantesco del socialismo. El campo socialista internacional llegó a comprender aproximadamente un tercio de la población mundial. En los años 60 y 70 los movimientos de masas y los procesos de revolución armada, especialmente en Asia, África y América latina, cobraron un auge sin precedentes. Antes, en 1959, había triunfado la revolución cubana.
En la segunda mitad de los 60 la revolución cultural china significó un gran avance cualitativo del socialismo y un estímulo invalorable para la lucha de los pueblos de todo el mundo. A mediados de los 70, revolución en Vietnam del Sur, en Camboya y en Laos; a fines de la misma década, en Nicaragua. En todo este período, además, numerosos países africanos conquistaron su independencia. De hecho, ya en los primeros años de los 60 se había configurado una situación de equilibrio estratégico entre el capitalismo y el socialismo.
Pero las significativas derrotas que empezaron a producirse por entonces comenzaron a destruir lo logrado. En efecto, en la segunda mitad de los años 50 empezó a desbordarse una corriente regresiva en los países socialistas. En la segunda mitad de los 60, tanto en la URSS como en la mayoría de países socialistas; el revisionismo se consolidó en el poder.
Consecuencia de ello fue que ya entonces el campo socialista internacional quedó prácticamente desintegrado. El deslinde con el revisionismo contemporáneo significó, por supuesto, desde el punto de vista ideológico una victoria para el proletariado, desde el punto de vista político, la pérdida de gran parte de las posiciones hasta entonces conquistadas. Pero además, en la segunda mitad de los 70, mientras que en China el revisionismo se consolidó en el poder, en Albania la dirección del Partido del Trabajo lanzó un sorpresivo a taque contra Mao que, prácticamente, determinó una nueva escisión en el movimiento comunista internacional.
Por otro lado, desde fines de los 70, pero desde los 80 de un modo más acusado, los movimientos revolucionarios de masas y los procesos de revolución armada empezaron a afrontar serias dificultades. Allí donde no pudieron ser desarticulados, su actividad experimentó, en cada caso en mayor o menor medida, una evidente inflexión. Finalmente, entre 1988 y 1991, en casi todos los países con gobierno revisionista la burguesía pro-occidental (largamente criada y fortalecida por el desarrollo del capitalismo restaurado) asaltó el poder político. Pero también en Albania (donde no se había restaurado el capitalismo) el Partido del Trabajo fue igualmente desplazado de poder por una burguesía pro-occidental. Esto último, sin duda, merece tratamiento específico.
Así pues, como corolario de este largo proceso de derrotas, en modo alguno lineal desde luego, ya a comienzos de los 90 se configuró completamente el actual reflujo.
Hoy las masas no se orientan hacia el socialismo (como en los años 60, por ejemplo). Por supuesto, no es que las masas no luchen de diversos modos. En la época del imperialismo y de la revolución proletaria no es posible ya un desarrollo relativamente pacífico del capitalismo. De aquí que la lucha de clases no se haya reducido a su forma elemental ni mucho menos.
Ahora mismo, existen no solo luchas de diversa naturaleza y específicamente algunas luchas armadas (Filipinas, etc.), sino que en unos u otros países se desarrollaran necesariamente situaciones revolucionarias. Pero no aquellas luchas ni esta necesidad tienen el peso específico como para determinar el carácter de la actual situación mundial. Eso sí, son factores de la revolución que se dan en medio de una situación general de reflujo.
Hay que subrayar, por lo demás, que el proceso de derrotas que ha conducido finalmente a la situación actual, ha implicado también una progresiva contracción de las fuerzas comunistas. Allí donde actualmente existen organizaciones comunistas, éstas se encuentran, por lo general, más o menos aisladas de las masas, o, en todo caso, todavía en una etapa inicial de desarrollo. De hecho, el movimiento comunista internacional y los movimientos comunistas nacionales se han reducido a su mínima expresión. Esta es una realidad que ninguna gimnasia verbal puede ocultar. Hoy por hoy, en consecuencia, en la inmensa mayoría de países, las masas no tienen una dirección proletaria.
En este hecho se constata el inmenso prejuicio que ha ocasionado el revisionismo a la revolución mundial. Pero también la insolvencia política de las fuerzas revolucionarias en no pocos casos. En tanto las fuerzas comunistas de vanguardia no están pues preparadas, en términos generales, para aprovechar las oportunidades revolucionarias en este período, es posible que tales oportunidades sean usufructuadas por otras fuerzas de clase (burguesas o pequeño burguesas; Irán y Nicaragua, incluso antes de la actual situación, son ejemplos de ello). Esto abre la posibilidad de que, en un caso por la propia naturaleza de la burguesía, la revolución se transforme en su contrario (como en Irán precisamente), o que, en otro caso por la debilidad de la pequeña burguesía, la revolución sea fácilmente derrotada (como en Nicaragua precisamente).
Pero además, es posible incluso que la pequeña burguesía reformista usufructúe una situación revolucionaria para desvirtuar la lucha por el poder político (como ya ocurre actualmente en México, por ejemplo). Por lo demás, cuando sostenemos en otro lugar que la resolución del problema del partido no será posible alcanzarla sino en dos o tres décadas, lo que hacemos es plantear una hipótesis con la que queremos expresar lo más aproximadamente posible el curso global probable de los acontecimientos. En cualquier caso, siempre es mejor tener una hipótesis que no tener ninguna. Sin embargo, es un hecho que la vida es más rica que todas las teorías y todas las hipótesis. Por ello es necesario considerar la posibilidad de que, bajo efecto de los acontecimientos, el plazo global previsto se acorte, en unos u otros países en alguna medida.
Pero que así pueda suceder depende entonces sobre todo del volitismo de las fuerzas proletarias, de su capacidad de poner a punto su organización, se su capacidad de movilizar, organizar y armar a las masas, de su capacidad de venir desde atrás. Y, si así sucediera realmente, tanto mejor. Empero, aún existiendo esta posibilidad, sigue en pie el hecho dominante de que en este período las posibilidades de una conducción proletaria de las luchas revolucionarias de las masas son relativamente escasas. No obstante, estas posibilidades existen o pueden existir realmente y, en consecuencia, no pueden negarse sin más. Y, sin embargo, nada de esto cambia la actual situación concreta en el conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases en el ámbito mundial.
Esta situación concreta significa precisamente un retroceso gigantesco de la revolución, y, debido a esta realidad, el proletariado no está, en términos generales, en condiciones de desplegar l lucha directa por el Poder, pero sí, por supuesto, y a ello está obligado, de empeñar la lucha por concentrar todos los factores intelectuales y materiales a fin de conducir hasta la victoria de la revolución cuando y allí donde se presente la oportunidad en el futuro. Por consiguiente, está claro que el actual reflujo es gomal y estratégico.
Este reflujo global y estratégico no es uno como el que siguió, por ejemplo, a la Comuna de París de 1871. Entonces el punto de partida del descenso revolucionario fue la derrota de la única revolución socialista triunfante en el siglo XIX. Por tanto, ese descenso se produjo desde un punto cuantitativamente no muy alto, y, además, en el período de formación del movimiento comunista y cuando era mucho lo que las masas esperaban del socialismo. En cambio, el descenso que ha terminado en la actual situación se ha producido a partir del punto más alto alcanzado por el socialismo en toda su historia (campo internacional, equilibrio estratégico) y en un período en que el movimiento comunista había alcanzado en cierto sentido su madurez organizativa. Por ello, el reflujo actual se expresa en el hecho de que un vasto sector de las masas siente, al parecer, que después de la experiencia vivida no es posible esperar otra cosa distinta del socialismo.
La restauración del capitalismo con su correlato político final, la ascensión al poder de una burguesía tipo occidental, ha provocado en este sector de las masas un estado de ánimo permeable a la propaganda reaccionaria, con la evidente consecuencia de que en su seno cunde actualmente el desconcierto, la confusión, la decepción y hasta una actitud negativa hacia el socialismo. Este sector de las masas toma la bancarrota del revisionismo como fracaso del socialismo, (En su descargo hay que apuntar que si para un militante no siempre es fácil distinguir entre marxismo y revisionismo, para un trabajador común esta distinción resulta todavía más difícil). Así pues, si con la victoria contra el fascismo en la segunda guerra mundial el prestigio del socialismo alcanzó su nivel más alto, hoy ese prestigio ha descendido a su nivel más bajo.
Esta es una realidad que en su configuración definitiva ha jugado también un papel especialmente negativo el revisionismo (tanto el que estuvo en el Poder como en el que se mantiene fuera del Poder; y, evidentemente, más el primero que el segundo). En consecuencia, el actual reflujo constituye, de hecho, por su envergadura y profundidad, la conclusión de una primera gran etapa de la revolución proletaria mundial.
Este reflujo no implica, sin embargo, la liquidación del socialismo ni el aplastamiento de la revolución en todas partes. Esto demuestra, hay que decirlo de paso, que en la historia no hay retrocesos en el sentido de volver exactamente al punto de partida. Al mismo tiempo, este reflujo, como cualquier otro, no es sino una circunstancia pasajera en el proceso general del desarrollo social. Reflexionar de otro modo este problema sería condenarse a negar la dialéctica objetiva de la historia en nombre de una pretenciosa como estéril metafísica del pensamiento. Ya Mariátegui señalaba, por ello, que “un período de reacción burguesa es un período de contra-ofensiva burguesa, pero no de derrota definitiva proletaria” (Obras Completas, tomo 8). Así pues, el reflujo actual es relativo y temporal.
En conclusión, puede decirse que el actual reflujo de la revolución proletaria mundial es global porque abarca al mundo como conjunto, pero, en tanto no abarca al mundo en su conjunto, de hecho no es generalizado. Del mismo modo, puede decirse que la actual situación de reflujo es de una envergadura y una profundidad nunca antes constatadas en la historia de la revolución socialista, pero aún así no es sino un episodio que el proletariado sabrá tramontar en el curso de la lucha por cumplir su misión histórico-universal.
II
¿Cuáles han sido las causas del proceso de derrotas del socialismo que hemos descrito más arriba? O, más exactamente, ¿Cuáles han sido las causas del actual reflujo general de la revolución proletaria mundial?
A nuestro modo de ver, este proceso y su corolario tienen sus causas más profundas en tres hechos. Veamos estos hechos.
En el siglo XIX, o sea en las condiciones del desarrollo fundamentalmente uniforme de los países capitalistas, Marx y Engels plantearon la tesis de que la revolución triunfaría en primer lugar en los países capitalistas más avanzados. Pero la Comuna de París de 1871 fue derrotada y, después, con el surgimiento del imperialismo, los acontecimientos históricos cobraron un curso distinto. Así, en el siglo XX, o sea en las condiciones del desarrollo desigual de los países capitalistas, la revolución triunfó en todos los casos en los países atrasados o relativamente atrasados, lo que presentó la principal desventaja del socialismo. El proletariado triunfante hubo de asumir la tarea de la industrialización y, en cuatro décadas de socialismo, no pudo, naturalmente, alcanzar la victoria económica. Este es el primer hecho.
El proyecto histórico de Marx y Engels comprende, entre otras cosas, la construcción del socialismo sobre la base política de un Estado que no es ya propiamente un Estado, sino un Estado-Comuna, un Estado en extinción; es decir, un Estado sin ejército permanente y sin burocracia; un Estado basado en el pueblo en armas y en la simplificación de la administración y la justicia; un Estado sin cárceles ni policías, sin tribunales ni jueces; un Estado, en suma, basado en la conciencia revolucionaria de las masas. Pero, contrariamente a este proyecto, la revolución triunfante construyó en todos los casos un Estado burocrático-militar, lo que representa la principal distorsión del socialismo. Ciertamente el cerco y la agresión imperialistas permiten explicarse esta distorsión, pero, obviamente, no la justifican. Precisamente esta distorsión posibilitó que el Estado socialista degenerase hasta convertirse en representante de una minoría burocrática completamente extraña a la clase y al pueblo. Y que, por tanto, posibilitase finalmente la restauración del capitalismo. Este es el segundo hecho.
En algunos países, los comunistas no han resuelto todavía correctamente la relación entre la verdad universal de la doctrina y la realidad particular; entre la vanguardia por una parte y la clase y las amplias masas populares por la otra; entre la preparación “pacífica” de la revolución y la revolución armada; lo que representa la principal limitación de la revolución. El dogmatismo en unos casos y el empirismo en otros han impedido hasta el presente que se encuentre y se desarrolle en esos países la forma nacional del marxismo. Por otra parte, en algunos casos se ha caído en “timidez a destiempo” (como en Indonesia, por ejemplo), o, en su defecto, en “extemporánea temeridad” (como en el Perú, por ejemplo). Incluso, en algunos casos (Camboya) se ha luchado sin tener en cuenta la diferencia fundamental entre nosotros y los enemigos. Este es el tercer hecho.
III
El término de la primera etapa de la revolución proletaria mundial no puede ser comprendido por los comunistas conscientes sino como el preludio de una más alta etapa revolucionaria. Al fin y al cabo, no hay mal que por bien no venga.
El mal es, desde luego, las causas que dieron lugar al proceso de derrotas que finalmente terminaron ene. Actual reflujo. Pero, y el bien, ¿dónde está?
El proletariado revolucionario ha evaluado muchas de sus experiencias de lucha, pero sin duda, nunca como ahora ha adquirido conciencia tan plena de la necesidad absoluta de hacer un balance crítico, global sistemático, profundo y multilateral de la experiencia histórica de la revolución y la construcción del socialismo; al mismo tiempo, ha adquirido también conciencia de la necesidad de analizar profundamente las nuevas condiciones de la lucha revolucionaria; resolver los nuevos problemas teóricos y prácticos de la revolución; de dilucidar las perspectivas del socialismo. Y, desde luego, este balance y este análisis no podrán por menos de conducir finalmente a la centralización de las ideas correctas, es decir, a la preparación de todas las potencias intelectuales de la revolución, y, por tanto, también a la centralización de todas las formas de lucha y de organización adecuadas, es decir, a la preparación de todas las potencias materiales de la revolución. De este modo, el proletariado consciente aportará al desarrollo de los factores subjetivos de la revolución, al advenimiento de la próxima gran etapa de la revolución proletaria mundial. Y seguramente, lo harán sin repetir la historia, sin volver a caer en los mismos graves errores del pasado. Lo harán enderezando lo torcido tanto en la teoría como en la práctica. He aquí el bien.
IV
Hemos señalado que la contraparte del reflujo actual es una ofensiva de la contrarrevolución mundial. Esta ofensiva es ideológica, política, militar y económica. Es decir, es una ofensiva general. El imperialismo y la reacción mundial pretenden liquidar todo vestigio de revolución y de socialismo. Estrechan el cerco contra Cuba y acosan a Corea. Y, al mismo tiempo, intervienen en distintas formas e incluso militarmente dondequiera que consideran amenazados sus intereses económicos y políticos. Por supuesto, aquella pretensión contrarrevolucionaria está destinada al fracaso desde el punto de vista estratégico. Pero, sin duda, cada acción concreta del imperialismo y la reacción mundial tienen que ser confrontada teniendo muy en cuenta su verdadera proporción.
En el periodo actual, la correlación de fuerzas a escala mundial es favorable a la contrarrevolución. Pero esta ventaja es solo relativa y temporal. El imperialismo y la reacción mundial, embriagados por sus éxitos momentáneos, se imaginan estar a punto de alcanzar la victoria definitiva sobre la revolución. Tanto peor para ellos. Pues incluso en las condiciones del actual reflujo los factores de la revolución existen y se desenvuelven (es cierto que con grandes dificultades), y por esto mismo no pasará demasiado tiempo para que los acontecimientos les haga ver una realidad distinta. De hecho, la pax imperialista es una ilusión óptica.
Hoy, sin embargo, en un sentido global, la revolución proletaria mundial se encuentra otra vez a la defensiva estratégica.
V
El proceso de la revolución implica avances y retrocesos, flujos y reflujos. Implica periodos de desarrollo lento, a paso de tortuga, y periodos de desarrollo rápidos, a paso de gigante. Por ello Mariátegui sostiene que “la revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene periodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias”. (ibídem). Hoy, precisamente, la revolución experimenta uno de esos periodos de predominio de las fuerzas contrarrevolucionarias. Pero, sin embargo, hay quienes suponen que la revolución mundial no está en reflujo y sostienen que “la situación mundial actual es favorable para iniciar, desarrollar y avanzar la lucha armada revolucionaria por el poder” (como el MRI, por ejemplo); e incluso hay quienes consideran que la revolución está ¡en plena ofensiva estratégica! (como la facción armada de Sendero, por ejemplo).
Es sabido que uno de los defectos fundamentales del materialismo pre-marxista es su incapacidad para comprender las condiciones de la praxis revolucionaria. Por ello, este materialismo es unilateral, es un materialismo pasivo, un semi-materialismo. Contrariamente, el materialismo histórico comprende y exige comprender las condiciones objetivas de la práctica revolucionaria. ¿No es cierto, acaso, que el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta? Así pues, solo el análisis concreto de la situación concreta actual puede permitir y permite reconocer el gigantesco retroceso que ha experimentado la revolución proletaria mundial; solo este análisis puede proporcionar y proporciona el conocimiento exacto del conjunto de las relaciones mutuas entre todas las clases a escala mundial (y a escala del proletariado país), y, por tanto permite establecer las premisas para trazar una correcta táctica revolucionaria, para saber a ciencia cierta a quiénes unir y a quienes golpear, para establecer las formas d e lucha y de organización adecuadas. Para tener una idea lo más precisa posible de qué es lo que se puede lograr en al situación dada y qué no, etc. Por tanto, si en el plano teórico no tener presente los cambios en la situación objetiva significa apartarse del alma viva del marxismo y deslizarse en cierta manera hacia el viejo materialismo, en el plano político establecer una táctica errónea (o no establecer ninguna) constituye prácticamente desarmar las fuerzas propias y otorgarle al enemigo de clase una ventaja que puede ser decisiva para un largo periodo. Pues un partido con táctica errónea solo puede dar palos de ciego y en consecuencia desorientar a las masas; y un partido sin táctica puede ser incluso una máquina de organización, pero en modo alguno una máquina de combate.
Negarse a ver la realidad del reflujo actual no es política marxista; es confundir los deseos subjetivos con la realidad; es obstinarse en una actitud que no se compagina con las tareas del presente; es contravenir los intereses inmediatos y el porvenir del movimiento; es, en suma, perder la orientación. Por ello, repetir en la actual situación ciertas consignas completamente justas del periodo anterior, no es sino, pura fraseología revolucionaria.
El “izquierdismo” no es marxismo. Esto debe saberlo a ciencia cierta todo comunista consciente.
VI
Si el reflujo es un proceso espontáneo de las masas, el repliegue es un movimiento consciente de las fuerzas de vanguardia en razón precisamente del reflujo. El repliegue es, por tanto, una retirada, y, en el caso, actual, una retirada estratégica (¿recuerda el lector La Gran Marcha durante la guerra popular en China?). Pues bien, el repliegue actual tiene como objetivo esencial precisamente la conservación de las propias fuerzas, dar un rodeo, no perder la perspectiva de la lucha por la toma del Poder y hacer lo necesario por crear las condiciones subjetivas de una nueva etapa de la revolución proletaria mundial.
Como es evidente, la táctica debe servir a la estrategia. Por tanto, en una situación de reflujo, incluso como la actual, la táctica revolucionaria no puede ser pasiva sino activa. Esto quiere decir que la táctica debe servir para mantener la iniciativa política, desarrollar las fuerzas propias y desplegar el trabajo de masas.
El actual reflujo de la revolución mundial obliga a un trabajo de crítica y preparación. Mariátegui señala que “el secreto de Lenin está precisamente en su facultad de continuar su trabajo de crítica y preparación si aflojar nunca en su empeño, después de la derrota de la revolución de 1905, en una época de pesimismo y desaliento. Marx y Engels realizaron la mayor parte de su obra, grande por su valor espiritual y científico, aun independientemente de su eficacia revolucionaria, en tiempos que ellos mismos eran los primeros en no considerar de inminencia insurreccional ni el análisis los llevaba a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis”(Defensa del Marxismo).
En este periodo de reflujo, el contenido del trabajo revolucionario es la crítica del orden burgués en todos los aspectos y la preparación de la revolución también en todos los aspectos. Por tanto, si la crítica significa de hecho la construcción de los instrumentos intelectuales de la revolución, la preparación significa, de hecho también, la construcción de sus instrumentos materiales. Así, ni el análisis lleva a los comunistas a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis.
Desde luego, la tarea de crítica y preparación implica asimismo un balance crítico de la propia experiencia revolucionaria y una lucha a fondo contra el revisionismo y el dogmatismo, contra el derechismo y el “izquierdismo”. En el propio seno del proletariado y el pueblo, el derechismo se presente en este tiempo como pesimismo burgués, en principio bajo su forma anímica elemental, pero, en algunos casos, bajo una forma teoréticamente más o menos sistematizada. El proletariado consciente debe desplegar el optimismo histórico propio de su concepción del mundo en la ineludible lucha contra ese pesimismo disolvente.
En los países donde tienen curso luchas armadas revolucionarias, la pregunta es: ¿cómo debe proceder allí, precisamente en una situación como la actual? Es indudable que los revolucionarios de esos países tienen que resolver este problema por ellos mismos. Pero puede decirse que, allí donde las condiciones lo permiten, hay que saber maniobrar, mantenerse y desarrollarse todo lo que sea posible. En una medida ciertamente importante, ello serviría al desarrollo de los factores de la revolución. Y, por tanto, a la estrategia revolucionaria.
VII
En el Perú, las elecciones generales de abril último ( ) son un índice de la temperatura de las masas. De hecho, un grueso sector de las masas ha virado a la derecha. Esto es un elemento esencial de toda la situación objetiva. Pero hay que comprender que este viraje es, también, al fin y al cabo, un resultado de la labor corrosiva del socialismo domesticado y de la labor diversiva del socialismo impaciente.
La presencia del “izquierdismo” armado es una peculiaridad del reflujo en el Perú. En la lucha teórica, el proletariado consciente debe tener en cuenta esta realidad.
Igual que en el mundo, las perspectivas de la revolución en el Perú son brillantes. Esta frase, que parece ser una frase hecha, será sin embargo una realidad viva tan pronto como el proletariado consciente resuelva la cuestión del partido y el problema de las masas, tan pronto como se produzca el necesario viraje en la situación objetiva.
VIII
En el siglo XX el socialismo ha realizado extraordinarias hazañas y ha alcanzado grandes victorias. Entre las hazañas podemos señalar una sobre todo: ni siquiera en las condiciones desventajosas más extremas y enfrentando a los enemigos más poderosos, ningún país socialista pudo ser destruido por la agresión extranjera. En este sentido, el socialismo se mostró como una realidad invencible. Entre las victorias, sin subestimar ninguna, es indudable que las más grandes por su trascendencia fueron la Comuna de París de 1871, la revolución rusa de 1917, la revolución china de 1949 y la revolución cultural china de los años 60.
Pero el socialismo no ha podido en este siglo resolver siempre su principal limitación, no ha podido superar su principal desventaja y no ha podido corregir su principal distorsión. Concretamente, dadas su distorsión y su desventaja principales, la sociedad socialista se reveló como una realidad permeable a la acción disolvente y restauradora de los enemigos internos. En este sentido, se mostró como una realidad precaria.
Desde un punto de vista estratégico, puede decirse que el socialismo en el siglo XX ha sido un ensayo general de la revolución. Y que, por tanto, aprendida la lección, los comunistas sabrán hacer del siglo XXI el siglo del socialismo victorioso, el siglo de un socialismo que no será ya una realidad precaria sino una realidad vitalmente abierta al futuro.
El proceso general de la revolución proletaria abarca un periodo histórico muy prolongado. “En periodos históricos de tal magnitud-señala Marx- veinte años equivalen a un día, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que estén corporizados veinte años” (carta a Engels del 9 de abril de 1863).
Contra todo desaliento y pesimismo, tales días que corporizan veinte años habrán de llegar de todos modos. Y, así, en el nuevo siglo, el socialismo conquistará nuevas victorias, alcanzará otra vez el equilibrio estratégico y aun es posible que no ceje hasta pasar a la ofensiva estratégica.
Todavía ahora un fantasma recorre el mundo: el fantasma del comunismo. Pero esta leyenda burguesa que aterra a los propios burgueses, no es factor de victoria para el socialismo. En este mundo, nada de lo humano cae del cielo. De modo que, para alcanzar la victoria, los comunistas conscientes tienen que hacer que la teoría revolucionaria prenda en las masas. En esto reside todo el secreto de la revolución.
Antonio Humareda
18 de abril de 1995.
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