Situación Internacional


Suenan con más fuerza cada día tambores de guerra para un ataque israelí contra Irán

En recientes meses, han estado sonando los tambores de guerra para un ataque militar israelí contra Irán, supuestamente para impedir que Irán obtenga armas nucleares. Dicen que Irán está en una carrera febril para obtenerlas; que si las obtiene, eso amenazaría la mera existencia de Israel; y que al ser necesario, habría que lanzar un ataque militar para impedirlo.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en junio una cuarta serie de sanciones económicas para castigar a Irán por no cooperar con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y ejercer presión para que negociara el futuro del programa nuclear. Sin embargo, muchas voces de la clase dominante estadounidense afirman que el impacto de tales sanciones será insignificante. Desde su punto de vista, eso aumenta la probabilidad, y el atractivo, de un ataque devastador y una posible guerra contra Irán.

Gran parte del debate público está centrándose en un artículo de Jeffrey Goldberg que salió en el número de septiembre de 2010 de la revista The Atlantic, titulado “The Point of No Return” (El punto de no volverse atrás). Goldberg plantea el problema de la siguiente manera: “¿Quién, si es que alguien pueda hacerlo, parará a Irán antes de que se vuelva nuclear y cómo?” Luego explica “cómo se desenvolverá un ataque aéreo israelí si las cosas siguen tomando su curso actual”. El artículo ha provocado una avalancha de reacciones muy polarizadas, a favor y en contra de un ataque israelí, de parte de una amplia gama de funcionarios, analistas y académicos de peso. (Goldberg es muy conocido por haber escrito un artículo para la revista The New Yorker en 2002, titulado “The Great Terror” (El gran terror), que en la opinión de muchos legitimó el argumento de Bush para atacar a Irak, valiéndose de información no confiable para aducir que había pruebas de una conexión entre Saddam Hussein y al-Qaeda.

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Como señala el artículo principal de este número especial, los medios de comunicación estadounidenses proyectan al mundo una imagen del estado de Israel como un reducto de democracia y tolerancia en un mar islámico intolerante, hostil y dedicado a su destrucción. El presidente Obama no ha dudado en decir que Estados Unidos e Israel tienen intereses en común y, lo que es más, tienen “valores compartidos”. No describen ni describirían así a ningún otro país de la región. En otras palabras, Israel en verdad “representa” a Estados Unidos en el Medio Oriente.
Eso crea el marco para la manera en que la mayoría de la población estadounidense ve el conflicto entre Israel e Irán. Se dice ahora que la existencia de Israel es amenazada por un gobierno peligroso, islámico y renegado en Irán, el cual podría estar a punto de alcanzar la capacidad nuclear, posiblemente tan pronto como uno a tres años, a menos que se lo impida. Sumando a eso la constante matraca con las declaraciones abiertas del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad de que Israel debe ser, y será, borrado del mapa, y con sus dudas sobre la realidad histórica del exterminio masivo de la gente judía por el régimen nazi de Hitler, así la idea de apoyar un ataque preventivo israelí no solamente se presenta como una respuesta justificada, sino como una cuestión de sentido común.

Nosotros, al abordar este tema, debemos ser sumamente cuidadosos antes de creer lo que dice el gobierno estadounidense. Pues se trata del mismo gobierno que afirmó en un momento que Irak bajo Saddam Hussein tenía “armas de destrucción masiva”, y de hecho dijo que era una “clavada” [una certeza]. Tales afirmaciones resultaron ser totalmente falsas y un pretexto para encubrir los verdaderos motivos que impulsaron a Estados Unidos a librar guerra contra Irak. A pesar de eso, la guerra se lanzó bajo ese pretexto, y cientos de miles de iraquíes murieron y muchos más se vieron obligados a exiliarse como resultado.

Por contraste, demostraremos aquí cuáles son los verdaderos intereses de todos los actores, y por qué la gente del mundo no tiene ningún interés en lanzar una guerra contra Irán y tiene todo interés en oponérsela.

¿Qué país del Medio Oriente tiene actualmente armas nucleares?

¿Constituiría una “amenaza existencial” al estado de Israel el posible desarrollo iraní de una capacidad nuclear? ¿Qué naturaleza tendría tal amenaza? Se supone comúnmente en los medios de comunicación masiva, y a la población no se le disuade de suponer lo mismo, que el presunto deseo de Irán de tener armas nucleares se debe a una intención de usarlas de una manera u otra contra Israel. Sin embargo, en sus análisis privados los analistas y funcionarios, tanto israelíes como estadounidenses, efectivamente descartan la probabilidad de que mísiles nucleares iraníes se lancen contra Tel Aviv.

Además, no es del todo claro que Irán esté tratando de producir tales armas. De hecho, Irán ha desarrollado la capacidad de producir combustible nuclear de “grado médico”, y eso representa una capacidad importante, pero queda corto de lo que sería necesario para producir un arma. Y no existe ninguna razón en absoluto de por qué Irán no debe tener el derecho de desarrollar energía nuclear.

Al mismo tiempo, es un “secreto a voces” que Israel ha estado produciendo armas nucleares por más de 40 años y ¡ahora tiene más de cien de ellas! En 1986, Mordechai Vanunu, un técnico nuclear israelí de 31 años de edad, reveló ese “secreto” a la prensa británica, con fotos, a causa de su oposición a las armas de destrucción masiva. El organismo de inteligencia israelí lo raptó y lo llevó a Israel para procesarlo en secreto. Vanunu pasó 18 años en prisión, 11 de ellos en aislamiento, y hasta hoy tiene prohibido hablar de lo que él sabe sobre el programa israelí de armas nucleares. Es archiconocido hoy que Israel tiene un enorme arsenal nuclear con sistemas de lanzamiento por tierra, por mar y aéreos. Como un oficial de defensa israelí le dijo a Goldberg, Irán sabe “que Israel tiene una capacidad ilimitada de represalias”, una referencia velada a su arsenal nuclear de segundo ataque, y “creemos que ellos saben que están poniendo en peligro la civilización persa”. Aún así, la percepción pública en Estados Unidos es que las armas nucleares en manos de Israel son aceptables, pero en manos de Irán son de alguna manera potencialmente un enorme peligro.

Dicen que si Irán produce un arma nuclear o llega a tener la capacidad de enriquecer una cantidad de uranio suficiente para producir un arma nuclear, eso podría desestabilizar las relaciones de poder que existen en el Medio Oriente, Asia central y más allá. Dicen que sería un indicio más de que Israel, y su existencia como país dominante de la región que representa los intereses de Estados Unidos al mismo tiempo que actúa en beneficio de lo que considera los suyos, enfrentara ahora un desafío cohesionado, surgido desde el interior de la región. Los cambios y repercusiones que resultarían de tal desafío a la hegemonía regional de Israel y Estados Unidos, y su desarrollo posterior, en algún momento podrían poner en tela de juicio el futuro de Israel como reducto intocable de Estados Unidos y amenazar su propia estabilidad.

Hay algo de verdad en todo eso. Pero sirve para ocultar una verdad mayor: esos cambios ya se están dando y, tenga Irán armas nucleares o no, Estados Unidos e Israel quieren poner fin a esa tendencia. La polémica reciente sobre el artículo de Goldberg, y otros sucesos similares y relacionados, señalan que están amenazando con más urgencia al régimen iraní y están haciendo preparativos serios para una agresión militar al respecto.

Por qué es posible que Estados Unidos y/o Israel ataquen a Irán

Las invasiones y ocupaciones estadounidenses, primero de Afganistán y luego de Irak, han traído enorme sufrimiento a las poblaciones de esos países, a la vez que han trastornado radicalmente el balance de poder que existía previamente en el Medio Oriente y Asia central. Sin embargo, para Estados Unidos correr ese riesgo fue necesario para transformar la región en una estratégicamente más favorable a los intereses imperialistas estadounidenses. Dichos intereses, debemos entender, suponen la dominación de la región como una fuente importante de petróleo y un cruce geoestratégico. Y la promoción de dichos intereses requiere, y ha requerido, sentenciar a los cientos de millones de habitantes de la región a indecibles privaciones, sufrimiento, humillación, represión, exilio y matanzas. La llamada guerra contra el terror lanzada por Bush fijó un rumbo para Estados Unidos que Obama sigue agresivamente.

El régimen iraní, en el centro geopolítico de muchas decisivas contradicciones mundiales, tiene sus propias ambiciones en la región. Está relacionándose y desarrollando vínculos con otros emergentes centros de poder rivales en el mundo, incluidos Rusia y China. Por ejemplo, China actualmente importa grandes cantidades de petróleo y gas natural de Irán, y le vende el 30% de sus productos de petróleo refinado. Rusia proporcionaba sistemas de armas defensivas a Irán hasta que las recientes sanciones de la ONU pusieron fin al comercio. Todo eso le está dando a Irán más campo para maniobrar y desafiar a Estados Unidos. Como un estado islámico fundamentalista reaccionario relativamente cohesionado, Irán también propone ser el modelo político e ideológico para una alternativa a la dirección en que el imperialismo estadounidense quiere llevar los países del Medio Oriente y del mundo.

Irán NO está desafiando el sistema del imperialismo en sí, con su división del mundo en naciones opresoras y naciones oprimidas. Pero SÍ está jugando un papel contrario al deseo de Estados Unidos de mantener su dominio abrumador en la región. Hemos notado arriba los crecientes vínculos de Irán con China y Rusia. También hay otras fuerzas y otros fenómenos. Por ejemplo, Turquía ha estrechado sus vínculos con Irán. Junto con Brasil, el gobierno turco hace poco propuso una iniciativa diplomática alternativa para el programa nuclear iraní, muy al desagrado de Estados Unidos. El punto es que, aunque Estados Unidos e Israel tienen toda intención de impedir que Irán desarrolle más su capacidad nuclear, esa no es la razón principal que los impulsa.

Durante todo un período, Irán ha estado cobrando influencia y chocando indirectamente en el frente militar con intereses estadounidenses e israelíes: en Irak, por medio de sus extensas relaciones en el gobierno actual e influencia con la oposición chiíta a la ocupación estadounidense; en Líbano y Palestina, por medio de su apoyo al Hezbolá y a Hamas; y extensos lazos e influencia entre algunas capas gobernantes en Afganistán y a cierto grado en Pakistán, que también colindan con Irán. Cuando Bush ordenó aumentar las tropas en Irak en 2007, eso era un cambio de estrategia y de objetivos políticos que buscaba hacer las paces con sectores de los sunitas, aislar y derrotar a al-Qaeda y a las fuerzas anti estadounidenses chiítas, y forjar así un gobierno que no fuera dominado por Irán. Sin embargo, la incapacidad actual de Estados Unidos de formar un gobierno de su agrado en Irak refleja en parte que la contienda ahí entre Estados Unidos e Irán queda sin resolver y que fácilmente podría llegar a ser aguda.

Israel, por su parte, ha demostrado en repetidas ocasiones su disposición a usar, una y otra vez, la fuerza y la violencia abrumadoras para castigar a los aliados de Irán en sus fronteras. En 2006, Israel invadió y bombardeó al Líbano, provocando enorme destrucción y asesinando a más de mil personas, para asestarle un golpe a Hezbolá. En 2007, bombardeó a Siria, presuntamente para eliminar unas instalaciones nucleares, pero hay pruebas de que se trataba de un “ensayo” para un ataque a Irán. Israel invadió a Gaza en diciembre de 2008, bombardeando deliberadamente y sin miramientos a personas e infraestructura civiles, en un ataque al aliado de Irán, Hamas. Y hace poco llevó a cabo el ataque sangriento en aguas internacionales a la flotilla desarmada que llevaba ayuda desde Turquía para los palestinos de Gaza.

Estados Unidos, además de actuar por medio de los israelíes, tiene su propia historia empapada de sangre en la región y actualmente está librando una guerra o agresión militar en Irak, Afganistán, Yemen y Pakistán. También tiene una historia de agresión militar en contra del mismo Irán. E.U. maquinó un golpe militar contra el gobierno secular-nacionalista electo de Mossadeq en 1954. La CIA urdió el derrocamiento de Mossadeq y entonces instauró el régimen sumamente represivo del Sha (gobernante), Reza Pahlevi. Cuando las masas se levantaron para derrocar al Sha en 1977-78, E.U. permitió a los fundamentalistas islámicos, encabezados por el ayatola Jomeini, que tomaran las riendas del poder en preferencia a una verdadera revolución. Al mismo tiempo, los norteamericanos maniobraron para debilitar y controlar este régimen de muchas maneras diferentes, incluso alentando a Irak y a Saddam Hussein en una invasión sangrienta a Irán que prendió una terrible guerra de ocho años en la que E.U. respaldó ambos lados por turno. Cualquier guerra contra Irán sería ampliamente y más o menos correctamente percibida en todas partes del mundo como una continuación de esta historia de agresión y opresión.

Existe una cierta ironía perversa en todo esto. En los años 1980, E.U. estaba contendiendo con la Unión Soviética (la que entonces era una potencia imperialista) por el control del mundo. Como parte de eso, E.U. lo encontró útil atraer y apoyar, con una gran suma de dinero así como armas sofisticadas, a las fuerzas fundamentalistas islámicas que se oponían a la invasión de la Unión Soviética a Afganistán. Al mismo tiempo, Israel hizo algo similar con su batalla contra el movimiento de resistencia palestina, el cual era en gran medida un movimiento nacionalista-secular. Durante la década de los 80, los israelíes también respaldaron las fuerzas fundamentalistas islámicas en Palestina. Esas fuerzas eran entonces y lo son hoy extremadamente reaccionarias, que representan y luchan por relaciones tradicionales extremadamente retrógradas. Pero con la caída de la Unión Soviética, estas empezaron a fusionarse en una fuerza global que cada vez más entraban en conflicto con una dominación de E.U. cada vez más flagrante y sin rival.

Los cálculos nucleares

Si la Republica Islámica de Irán estuviera en posición de adquirir capacidad nuclear, y una vez más, eso está lejos de probarse, eso desafiaría la superioridad militar sin rival de Israel en esta región del mundo. Algunos creen que esto le daría a Irán una “sombrilla nuclear” para más ataques de Hamas y Hezbolá contra Israel, porque Israel no sería capaz de amenazar a Irán de la misma manera que lo hace ahora. Por otro lado, Israel no ha sido capaz de obligar a los palestinos a aceptar la clase de acuerdos que E.U. ha estado intentando imponerles en gran parte por el apoyo de Irán a Hamas.

Irán con una capacidad nuclear también podría alterar en gran medida los cálculos políticos en la región. Eso pondría presión en los estados del golfo Pérsico pro-yanquis (Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y el sultanato de Omán), que ha sido un contrapeso a la oposición contra la dominación de Estados Unidos y de Israel, para cambiar sus alianzas hacia Irán, la nueva potencia regional. Eso también pondría una considerable presión sobre estos para adquirir capacidad nuclear por propia cuenta.

La realidad es que el mundo se está volviendo mucho más peligroso incluso con la propagación de armamento y tecnología nuclear. Pero en realidad el mundo ya ES un lugar muy peligroso, y son principal y abrumadoramente las acciones de Estados Unidos, que tiene muchísimas más armas nucleares en el mundo y es la ÚNICA potencia que las ha usado jamás, las que han creado esta situación y están haciéndolo más peligroso. Esto más que nada señala la urgencia de romper con esta dinámica muy negativa y peligrosa. Y significa romper con la mentalidad limitada de que golpear a Irán mejorará las cosas, más que empeorarlas. Tal ataque, que en sí podría conllevar el uso de armas nucleares, no será sino un caso de poderosos gángsteres que reprimen a gángsteres emergentes. De nuevo, cabe recalcar: la abrumadora mayoría de la gente en el mundo no tiene ningún interés en tomar el lado de un gángster contra el otro.

Cómo sería una respuesta de Irán a un ataque militar de Israel

El ataque militar contra Irán ahora tan resonado puede desenvolverse de muchas maneras. Pero las más probables suponen que Irán tome represalias directa o indirectamente contra objetivos en Israel y Estados Unidos, con impredecibles consecuencias de gran desestabilización que podrían ser difíciles de contener.
En una columna de opinión del 1º de septiembre en el New York Times de Reza Aslan y Bernard Avishai en respuesta directa al artículo de Goldberg, titulado “Stop the War Talk”, los autores discuten una posible respuesta iraní, que creen “que casi seguramente precipitaría una guerra regional devastadora con consecuencias globales imprevisibles”. Señalan que “Irán no es Siria”, que carecía de la capacidad de responder a los ataques de Israel sobre sus instalaciones nucleares. Irán libró una guerra brutal de ocho años contra Irak y podría enfrascarse en una guerra prolongada contra los intereses israelíes y estadounidenses. Irán “mantiene unas grandes fuerzas armadas con sistemas de armamento fabricados en Rusia, misiles tierra a tierra, aviones de combate, aviones no tripulados, lanchas de alta velocidad capaces de destruir grandes buques de guerra”. Dicen que Israel se vería impulsado a entrar al Líbano, lo que creen “sumergiría en una guerra a la región entera… y pondría enorme presión sobre los líderes en el Cairo [Egipto] y Amman [Jordania] para que renunciaran a sus tratados de paz con Israel”. Irán dice que atacará a Arabia Saudita también si se permite a los aviones de Israel volar en el espacio aéreo saudita.

De hecho, el New York Times reportó el 17 de septiembre de 2010 que Obama buscará una aprobación para una venta grande de armas a Arabia Saudita, que de acuerdo a funcionarios de la administración y del Pentágono sería principalmente como un componente básico de las defensas regionales del Medio Oriente para cerrarle el paso a Irán. Esto aparentemente incluye decenas de nuevos aviones de combate F-15, 175 helicópteros de ataque y porta-tropas y posiblemente barcos y defensas anti-misiles en el futuro.

Irán podría tomar represalias contra las fuerzas de E.U. en Irak, donde se informa que tiene 30.000 operativos. Podría cerrar el estrecho de Ormuz, por el cual pasan 17 millones de barriles de petróleo cada día, y así hacer disparar los precios del petróleo y devastar la recuperación financiera de Estados Unidos. Y podría provocar una respuesta total de Hezbolá desde el vecino Líbano. Los oficiales militares de Israel indican que están haciendo planes para prevenir tal respuesta; pero se ha reportado que Hezbolá ahora tiene 45.000 cohetes, tres veces la cantidad que tenían antes de la invasión y devastación israelí del Líbano en 2006.
Piense por un minuto acerca de los niveles de horror y sufrimiento encerrados en esas potencialidades. Piense en cómo presentaron al público estadounidense “la eliminación de Irak” como “pan comido”… y piense de lo que ha significado en términos de cientos de miles de muertes iraquíes, millones enviados al exilio, las vidas que han sido arruinadas si no terminadas… y los efectos sobre el medio ambiente y el legado arqueológico de la humanidad. Ahora piense de nuevo sobre lo que estos imperialistas están tan calculadamente amenazando y planeando — y arriesgando de manera tan demente.

El que exista apoyo importante en los centros de poder de E.U. y de Israel para correr ese riesgo, y que lo están anticipando, preparando y justificando en tiempos cuando E.U. está confrontando mayores dificultades en las ocupaciones y guerras de Irak, Afganistán y Pakistán, es una declaración poderosa que el ascenso del régimen iraní sea considerado una amenaza tan grande para los intereses estratégicos de E.U. y de Israel en la región, y aparte de eso, por riesgosas que sean las consecuencias potenciales de otra guerra contra un país del Medio Oriente, será peor la alternativa.

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Sentados en este país imperialista tenemos una responsabilidad particular de oponernos al imperialismo de E.U., a nuestra “propia” clase dominante y a lo que está haciendo en el mundo. Y eso incluye oponerse a lo que está haciendo Israel, el matón de E.U. en la región. La “amenaza existencial” que enfrenta Israel es producto de su rol como puesto de avanzada de los yanquis, llevando a cabo los intereses de E.U. en el Medio Oriente. Los objetivos, intereses y grandes planes de E.U. y de Israel no son nuestros intereses; éstos no son los intereses de la gran mayoría de la gente de E.U. ni de la abrumadora mayoría de las personas en el mundo en general. Y las dificultades en las que esas potencias se han metido para lograr sus intereses no deben ser vistas y respondidas desde el punto de vista de los imperialistas y sus intereses, sino desde el punto de vista de la gran mayoría de la humanidad y de la necesidad básica y urgente de la humanidad de tener un mundo mejor y diferente, de otro camino.

Eso no cambia el hecho de que los fundamentalistas islámicos también son fuerzas “históricamente anticuadas” y reaccionarias. No cambia el carácter reaccionario de su oposición al imperialismo y a lo que este conduce y de la dinámica de la que es parte, la cual tampoco representa los intereses de la gente del mundo. Es muy importante entender y luchar por que otros entiendan que si alguien termina por apoyar a cualquiera de esas dos fuerzas “históricamente anticuadas”, contribuye a fortalecer a ambas. Es crucial zafarse de esa dinámica.

En los pasajes de la charla de Bob Avakian, Forjar otro camino, que también aparecen en este número de Revolución, éste dice que aunque existe algo de verdad en la “guerra contra el terror”, en esencia propone alejar la atención de las personas de “las profundas desigualdades y las relaciones opresivas que existen en distintas sociedades pero, especialmente, a nivel mundial”, bajo la dominación del imperialismo yanqui en particular. Recalca la necesidad de examinar más profundamente las relaciones fundamentales en el mundo y los efectos y consecuencias de eso y las formas en que eso es la causa de los acontecimientos ahora en el mundo, incluyendo lo que los gobernantes de este país llaman su “guerra contra el terror”.

Elegir entre estos dos sectores “anticuados”, incluso sobre la base de “pero tenemos que estar protegidos” de los peligros que este mundo profundamente torcido ha originado, conduce a una salida muy mala. Para tener una comprensión correcta de la situación y avanzar hacia la única resolución posible que sirva a los intereses de la humanidad, quiere decir reconocer que en esencia esta no es una “guerra contra el terror”. Como dice Bob Avakian en Forjar otro camino: “En esencia no es una ‘guerra contra el terror’ sino una guerra por el imperio. La confrontación con el fundamentalismo islámico y con otras fuerzas (inclusive fuerzas que tienen tácticas y métodos que se puede decir legítimamente que son ‘terroristas’) tiene lugar en ese contexto y ese contenido de una guerra por el imperio y en esencia en ese marco”.


Las fuentes de este artículo saldrán próximamente en línea en revcom.us.




A LOS MARXISTA-LENINISTAS, A LOS OBREROS Y A LOS OPRIMIDOS DE TODOS LOS PAISES

(“DECLARACION DE OTOÑO”)
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Primera Edición: Otoño de 1980
Segunda Edición: Enero de 1981
Edición Digital preparada por: Archivo Revolucionario Comunista. Chile, Diciembre 2004.

Fuente: Folleto sin datos de edición disponibles para la primera edición. Comparado y corregido de acuerdo a la segunda edición en la cual el Comunicado Conjunto aparece como anexo al documento Principios Fundamentales para la Unidad de los Marxista-Leninistas y para la Línea del Movimiento Comunista Internacional. [Ver Archivo]

Nota: El subtítulo obedece a como se conoce esta declaración conjunta en el seno del M. R. I.
Digitalizado y corregido por: D. E. P.

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Hoy, el mundo se encuentra en el umbral de sucesos muy importantes. La crisis del sistema imperialista está creando rápidamente las condiciones que llevan al peligro de que estalle una nueva guerra mundial, la tercera; condiciones que dan también perspectivas reales para la revolución en todo el mundo. Durante estos últimos años, han estallado luchas revolucionarias en varios países, incluso en algunas regiones que tienen importancia estratégica. Todas las potencias imperialistas se preparan a comprometer a los obreros y a los pueblos oprimidos en una masacre reciproca sin precedentes, a fin de poder defender y extender aún más sus imperios basados en las ganancias y en la explotación de todos los pueblos. Las potencias imperialistas y las clases dominantes reaccionarias se han agrupado en dos bandas rivales de asesinos y esclavistas, en dos bloques que están dirigidos por los imperialistas yanquis y por la Unión Soviética igualmente imperialista. Esta guerra que se perfila en el horizonte estallará a menos que la lucha revolucionaria de las masas, la toma del poder político por la clase obrera y por los pueblos oprimidos, pueda impedirla. Pero si la guerra se produce, representará una crisis extraordinariamente concentrada del sistema

imperialista que agudizará las condiciones objetivas para las luchas revolucionarias, lo que debe ser aprovechado por los marxistas-leninistas.
Pero, en el mismo momento en que los obreros y los oprimidos de todos los países se encuentran amenazados por tales peligros, enfrentan los desafíos de la situación, las posibilidades que ésta ofrece, las filas de los marxista-leninistas que tienen la responsabilidad de dirigir a la clase obrera y a los pueblos para hacer la revolución atraviesan por una grave crisis. Los marxista-leninistas sufrieron un duro golpe después que el revisionismo llegó claramente al poder en la Unión Soviética dirigido por Jruschov; y nuevamente en 1976 después de la muerte del camarada Mao Tse-tung, en que una nueva burguesía contrarrevolucionaria tomó el poder en China socialista y arrastró nuevamente a un cuarto de la humanidad al camino capitalista. A esta gran pérdida se han agregado los ataques a las grandes contribuciones que Mao Tse-tung ha hecho al marxismo-leninismo, la ciencia revolucionaria de la clase obrera. Estos ataques no han sido lanzados solamente por los nuevos dirigentes reaccionarios de China, sino también por aquéllos que han desertado de las filas de la revolución, y evidentemente los revisionistas soviéticos mismos están mezclados en estos ataques.

Ante esta situación que se hace cada vez más aguda, y reconociendo la urgente necesidad de recoger el gran desafío que implica esta situación, representantes de varios partidos y organizaciones marxistas-leninistas se han reunido para discutir cómo salir de esta crisis; cómo avanzar sobre la base de forjar una justa línea ideológica y política para el Movimiento Comunista Internacional y unirse en torno a esta línea. Durante la reunión se llegó a la unidad con respecto a las cuestiones siguientes, que los partidos y organizaciones que firman estiman ser elementos importantes para el desarrollo de esta línea.

I. La situación actual

El imperialismo es la guerra. Esta verdad fundamental que había analizado Lenin, reviste una importancia muy particular en la situación actual, en que una nueva guerra mundial se prepara. Esta guerra no es consecuencia de la voluntad de tal o cual dirigente burgués, sino que deriva de las leyes mismas del sistema imperialista.

En la coyuntura histórica actual, sólo las dos potencias imperialistas más fuertes, los Estados Unidos y la Unión Soviética, son capaces de ponerse a la cabeza de los bloques imperialistas para lanzarse a una guerra mundial. Estas dos potencias imperialistas son también los más fuertes bastiones de la reacción en el mundo actual.

Todas las otras potencias imperialistas, son también empujadas por su naturaleza a lanzarse a una guerra ya que son también grandes explotadores, enemigos sumamente reaccionarios y agresivos del proletariado y de los pueblos del mundo.

Ante el peligro de guerra mundial en ascenso, el proletariado y los pueblos oprimidos deben desarrollar su lucha revolucionaria contra el imperialismo y toda forma de reacción. Si tal guerra estalla deben esforzarse por transformar la guerra imperialista en guerra revolucionaria con el objetivo de derrocar a las clases dirigentes reaccionarias.
Durante estos últimos años, poderosos movimientos revolucionarios han tenido lugar en numerosos países, movimientos que han dado duros golpes y que han incluso derrocado a regímenes reaccionarios, estremeciendo el sistema imperialista. Aunque ninguno de estos movimientos revolucionarios haya llevado aún a la dictadura del proletariado, indican una vez más, la clara posibilidad de instaurarla.

Las condiciones objetivas para la revolución están madurando a través del mundo. En algunos países estas condiciones están dadas. Pero las condiciones subjetivas, en especial el desarrollo del movimiento marxista-leninista, están seriamente retrasadas respecto de las primeras.

II. Las tareas de los marxistas-leninistas

Es necesario rescatar y aplicar los principios fundamentales del marxismo-leninismo, que los oportunistas y los revisionistas han tratado de camuflar o enterrar de múltiples maneras.

—La dictadura del proletariado. Desde la época de Marx hasta nuestros días, este principio siempre ha sido pisoteado por los revisionistas. Luchar o no por establecer la dictadura del proletariado y la cuestión de defender y de reforzar dicha dictadura allí donde ha sido establecida, han sido siempre piedras de toque fundamentales para los marxista-leninistas.
No sería justo, y de hecho sería particularmente perjudicial en las condiciones actuales, desconocer la importante experiencia (positiva y negativa a la vez) adquirida por el proletariado desde la época de la Revolución de Octubre, con respecto a la dictadura del proletariado. En particular, las grandes enseñanzas de Mao Tse-tung sobre la cuestión de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y la experiencia de la Revolución Cultural que él dirigiera, son de vital importancia. El camarada Mao Tse-tung, hizo notar justamente, que durante todo el periodo del socialismo, es decir durante la transición al comunismo, las clases y la lucha de clases existen aún. Señaló el hecho de que la burguesía no sólo continuaba existiendo sino que era continuamente engendrada dentro del socialismo. Señaló las bases materiales e ideológicas de esta burguesía al igual que los medios para combatirla. Mao demostró claramente, por primera vez en la historia de la ciencia del marxismo-leninismo, que los jefes y la sección más importante de la burguesía (después que la transformación socialista del sistema de propiedad haya sido terminada a grandes rasgos) son los responsables que siguen el camino capitalista en el interior del partido y del aparato del estado. Mao dejó en claro que durante todo el período socialista de transición serían necesarias reiteradas luchas de masas como la Revolución Cultural, contra la nueva burguesía. La Gran Revolución Cultural Proletaria fue un movimiento revolucionario de masas sin precedentes, movimiento que logró durante diez años impedir una restauración capitalista, que formó sucesores revolucionarios que luchan actualmente contra los nuevos dirigentes capitalistas en China, y que contribuyó a difundir el marxismo-leninismo en el mundo. El hecho de que a fin de cuentas la Gran Revolución Cultural Proletaria no haya podido impedir el derrocamiento de la dictadura del proletariado no aminora en modo alguno su importancia histórica, ni la importancia de las lecciones que de allí puede sacar el proletariado mundial.

—"La toma del poder por la fuerza de las armas, la solución de la cuestión a través de la guerra, es la tarea central y la forma más elevada de la lucha de clases". Esto es universalmente verdadero para todos los países. La "vía pacífica al socialismo" está sembrada de los cadáveres de quienes han confiado en este camino siguiendo los consejos traidores de los revisionistas.

El principio de la lucha armada de las masas ha sido también abandonado por otros revisionistas que lo reemplazan por tesis y prácticas putchistas, o por frases vacías ya que renuncian a todo tipo de preparación política y organizativa. Cualquiera que sean las etapas que la revolución pueda atravesar, hay que propagar ampliamente entre las masas populares el hecho de que es necesario tomar el poder político por la fuerza de las armas, los marxista-leninistas deben hacer los preparativos necesarios en los terrenos ideológico, político y organizativo, teniendo en vista este objetivo y deben esforzarse por desencadenar la lucha armada por la toma del poder desde que las condiciones para ello estén maduras. En una frase, los comunistas son partidarios de la guerra revolucionaria.
La lucha armada debe ser llevada a cabo de forma tal que se trate de una guerra de masas, y a través de esta lucha armada, las masas deben ser preparadas en lo ideológico, político y organizativo para ejercer el poder político.

Cualquiera que sean las fuerzas y las etapas necesarias del proceso revolucionario, hay que trabajar principalmente para constituir las fuerzas armadas de las masas, dirigidas por el partido, aunque es necesario también desarrollar un trabajo político en las fuerzas armadas del enemigo para facilitar la desintegración de esas fuerzas armadas y para poder ganar a tantos soldados como sea posible durante la lucha revolucionaria.

—La existencia y el papel dirigente del partido del proletariado es otro principio fundamental. Esto se traduce en una organización de vanguardia del proletariado que debe asumir una línea ideológica, política y organizativa revolucionaria marxista-leninista frente a los principales problemas de la revolución; que combata en todo momento, dentro y fuera de sus filas, contra todas las influencias burguesas y revisionistas; que practique permanentemente la crítica y la autocrítica; el centralismo basado en la democracia; que tenga una férrea disciplina conciente, todo ello para ligarse estrechamente a las masas, para elevar, generalizar y coordinar sus luchas, especialmente políticas, conduciéndolas a arrebatar el poder a las clases dominantes. Con este objetivo, el partido debe dar gran importancia a formular y difundir, de acuerdo a los principios, una estrategia, una línea y políticas concretas de acuerdo a las condiciones del país y los intereses y deseos de las masas por liberarse. El partido debe prestar gran atención a las formas ilegales de lucha y organización para conservar su independencia y educar a las masas en la lucha contra sus enemigos. Estas formas ilegales, desde un punto de vista estratégico son las fundamentales. Al mismo tiempo el partido debe aprovechar las posibilidades legales para ampliar su influencia, sin caer ni promover ilusiones en la democracia burguesa y debe prepararse para la inevitable represión de los reaccionarios.

La dirección de la lucha de masas y de la revolución, el Partido debe ganarla en la práctica aplicando correctamente la línea de masas. El partido debe reforzar continuamente su rol dirigente logrando que las masas y la clase obrera eleven constantemente su nivel político y organizativo y asuman una parte cada vez más importante de las tareas de la revolución. De esta manera, el partido irá creando las condiciones para una auténtica dictadura del proletariado y la extinción final del partido junto a la extinción de las clases en el comunismo.

El capitalismo llegó desde hace tiempo a su última etapa, la del imperialismo. Una de las características más importantes de ésta es la sumisión y el saqueo de los países dominados y la explotación de los pueblos oprimidos. El imperialismo desarrolla y refuerza al hacer ésto a los sepultureros destinados a derrocarlo.

En la época del imperialismo, la revolución proletaria mundial, como lo analizó Lenin, abarca dos grandes corrientes aliadas la una a la otra y dirigidas contra el sistema imperialista: la revolución socialista proletaria en los países capitalistas y la revolución de nueva democracia en los países semifeudales, coloniales, semi (o neo) coloniales. La revolución en estos dos tipos de países tiene aspectos en común: principalmente, en los dos casos la revolución debe ser dirigida por la clase obrera y por un partido marxista-leninista y lleva, cualesquiera que sean las etapas que deba atravesar, a la dictadura del proletariado y al socialismo; pero el camino de la revolución en los dos tipos de países tiene también diferencias importantes.

Los países coloniales y dependientes

En los países semi-feudales, coloniales, semi (o neo) coloniales, la revolución debe en general atravesar dos etapas: primeramente la de revolución de nueva democracia dirigida por el proletariado y luego la etapa socialista. Aquellos que quieren saltarse absolutamente esta etapa por principio, mezclando de manera ecléctica la revolución democrática y la revolución socialista, causan gran daño a la causa revolucionaria.
Aunque el camino preciso de la revolución en un país en particular dependa de las condiciones concretas que allí existan, las enseñanzas de Mao Tse-tung sobre la guerra popular prolongada son muy pertinentes en este tipo de países. Los revisionistas que atacan la teoría de Mao sobre cercar las ciudades desde el campo, con el pretexto de que ella significó renunciar al papel hegemónico del proletariado, o aquellos que insisten dogmáticamente en que la insurrección en las ciudades es la única forma de tomar el poder en este tipo de países, de hecho atacan la lucha revolucionaria.

La experiencia ha demostrado el hecho de que no es posible liberar este tipo de países del yugo imperialista, y aún menos avanzar en el camino al socialismo, sin la dirección del proletariado y de una línea verdaderamente marxista-leninista. Aunque en general sea posible y necesario desarrollar un frente unido muy amplio en este tipo de países, frente unido que puede incluso a veces abarcar sectores de las clases explotadoras, la experiencia ha subrayado mucho hasta qué punto es importante que los marxista-leninistas conserven la dirección y su independencia política y organizativa; que eduquen ampliamente a las masas en el hecho de que es necesario avanzar hasta el socialismo y finalmente hasta el comunismo; que luchen contra las tendencias al nacionalismo estrecho al mismo tiempo que llevan adelante la lucha por la liberación nacional; que desenmascaren y combatan a la burguesía con los medios apropiados, incluso en lo que respecta a los sectores de la burguesía con los cuales pueden estar aliados en la lucha contra el imperialismo extranjero y las clases reaccionarias en el poder.

Existe una tendencia innegable a que el imperialismo introduzca elementos importantes de relaciones capitalistas en los países que domina. En algunos países dependientes este desarrollo capitalista ha alcanzado tal importancia que ya no sería correcto caracterizarlos como países semi-feudales; sería mejor calificarlos como países predominantemente capitalistas, aunque se puedan encontrar todavía elementos o vestigios importantes de relaciones de producción semifeudales y que éstos se reflejen todavía a nivel de la superestructura.

En tales países, es necesario hacer un análisis concreto de esas condiciones y sacar las conclusiones apropiadas en lo que respecta al camino a seguir, a las tareas, al carácter y el alineamiento de las fuerzas de clase. En todos los casos, el imperialismo extranjero sigue siendo un blanco de la revolución.

Los países imperialistas

En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels dijeron que, "los obreros no tienen patria". Lenin subrayó que lo anterior se aplica particularmente a los países imperialistas. Siendo éste un principio cardinal del marxismo-leninismo, que es necesario salvaguardar por haber sido deformado por los revisionistas durante decenas de años, es también un principio que reviste una importancia muy particular en la coyuntura actual en que se avecina una tercera guerra mundial. Los comunistas luchan contra toda forma de chovinismo nacional en el seno de la clase obrera y de otros sectores de las masas oprimidas. Esto significa luchar contra toda tendencia a identificar los intereses del proletariado con los intereses de "su propia" clase dirigente imperialista, ya sea con respecto al saqueo de los países coloniales y dependientes, o bien, en particular, en la situación actual, con respecto a la cuestión de lanzarse a una guerra para defender los intereses de la burguesía. Si estalla una tercera guerra mundial el proletariado debe trabajar activamente para la derrota de su propia burguesía, tratando de transformar la guerra imperialista en guerra civil para derrocar a la burguesía y para establecer la dictadura del proletariado.

Aunque el camino de la Revolución de Octubre tenga una aplicación universal en el sentido de que hay que hacer la revolución por la fuerza de las armas, que hay que establecer la dirección de un partido proletario de vanguardia, establecer la dictadura del proletariado, construir el socialismo, etc., (lo que es válido para todos los países), en los países capitalistas e imperialistas, la Revolución de Octubre sigue siendo la principal referencia para la estrategia y táctica de los marxista-leninistas. Estos deben reconocer que en cada país la revolución tomará formas específicas, deben analizar las condiciones concretas y hacer el balance de la experiencia de lucha de las masas, al mismo tiempo que siguen básicamente la línea leninista en cuanto a las medidas políticas y organizativas a tomar, que son necesarias para preparar la conquista y ejercicio del poder por el proletariado. Una vez más, el hecho de que los revisionistas hayan deformado y renegado de los principios fundamentales del leninismo constituye, no solamente un hecho histórico, sino que un problema actual. Al mismo tiempo que se preste atención al análisis concreto de las condiciones concretas de cada país, es necesario estudiar y aplicar correctamente las tesis de Lenin con respecto a la cuestión de la importancia de elevar la conciencia política de la clase obrera y de llevarla hacia su misión histórica, y de desarrollar su lucha política y revolucionaria, la importancia de la prensa comunista y de combatir la influencia del economicismo prestando atención a los deseos y condiciones de vida de las masas. Debemos también estudiar y aplicar las enseñanzas de Mao Tse-tung de basarse en los profundos anhelos de las masas de cambiar sus condiciones de vida.

III. Sobre la unidad de los marxistas-leninistas

El proletariado es una sola clase mundial, cuyo único interés histórico consiste en emancipar a la humanidad de toda la explotación y opresión y en abrir el camino a la época histórica del comunismo en todo el mundo. Es por eso que el internacionalismo proletario no puede ser separado del marxismo-leninismo y que es una necesidad permanente para la clase obrera y su vanguardia marxista-leninista en todos los países. Además de esta verdad que es evidente, pero que muchas veces ha sido olvidada, la coyuntura actual exige también que se hagan grandes esfuerzos para desarrollar la unidad de los marxista-leninistas y de los revolucionarios de todos los países, para poder enfrentar las pruebas y las posibilidades que están ante nosotros. De hecho, la unidad de los marxista-leninistas no es sólo objetivamente necesaria, sino que también es algo que exigen cada vez más los revolucionarios y las masas a través del mundo. En este proceso, como en todo, lo decisivo es la línea ideológica y política.
Lenin subrayaba el hecho de que "la unidad es una cosa muy importante y una gran consigna. Pero lo que necesita la causa de los obreros es la unidad de los marxistas, y no la unidad entre los marxistas y aquellos que se oponen al marxismo y lo deforman".

En nuestra opinión, la unidad sólo puede lograrse sobre la base de líneas de demarcación neta y firmemente trazadas con respecto al revisionismo y al oportunismo en todas sus formas. Esas líneas de demarcación no han caído del cielo ni han sido inventadas por gente sectaria, tampoco pueden ser objeto de debates estériles y académicos: esas líneas de demarcación reflejan las formas esenciales y decisivas con las cuales el revisionismo enfrenta al proletariado revolucionario y al movimiento marxista-leninista en el mundo actual.

La defensa de las contribuciones de Mao Tse-tung a la ciencia del marxismo-leninismo constituye una cuestión particularmente importante, actual y urgente en el Movimiento Comunista Internacional y entre los trabajadores conscientes. El principio en cuestión es nada menos que saber si hay que defender o no las contribuciones decisivas de Mao a la revolución proletaria y a la ciencia del marxismo-leninismo y avanzar sobre esa base. Mao Tse-tung ha desarrollado el marxismo-leninismo en los terrenos de la revolución democrática antimperialista que llevan al socialismo; de la guerra popular y de la estrategia militar en general; de la filosofía, en la cual hizo importantes contribuciones al análisis de las contradicciones—esencia de la dialéctica—y sobre la teoría del conocimiento, sus lazos con la práctica y con la línea de masas; también aportó en el terreno de la revolucionarización de la superestructura y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y en la lucha contra el revisionismo en los terrenos teórico y práctico. Se trata entonces, nada menos que de defender el marxismo-leninismo mismo. La dirección teórica y práctica de Mao constituye un desarrollo cuantitativo y cualitativo del marxismo-leninismo en numerosos frentes, y la concentración teórica de la experiencia histórica de la revolución proletaria en estas últimas décadas. Vivimos en la época del leninismo, esto es, la del imperialismo y la revolución proletaria. Al mismo tiempo afirmamos que la obra de Mao Tse-tung es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo. Sin defender las contribuciones de Mao y sin construir sobre la base que constituyen, no es posible derrotar al revisionismo, el imperialismo y la reacción en general.

Ligado muy íntimamente a lo dicho anteriormente está la necesidad de oponerse vigorosamente a los nuevos dirigentes revisionistas en China, que han derrocado la dictadura del proletariado y que están restaurando el capitalismo. Han capitulado completamente ante el imperialismo y piden que los demás les sigan en este camino; hoy lo hacen bajo su teoría estratégica "de los tres mundos", teoría reaccionaria que tratan ante los ignorantes de hacer pasar fraudulentamente como si fuese obra del propio Mao.

Los revisionistas soviéticos y los partidos revisionistas que tienen lazos con ellos, siguen siendo feroces enemigos del proletariado. Durante estos últimos años, los revisionistas soviéticos han tomado una actitud más decidida con respecto a las potencias imperialistas occidentales. Esto es consecuente con sus necesidades en tanto que gran potencia imperialista a la cabeza de un bloque imperialista rival. En varias ocasiones, para tratar de extender su dominio imperialista, han intervenido directamente con sus fuerzas militares o han utilizado a los revisionistas vietnamitas o cubanos que forman parte de su bloque. Esto se ha hecho muchas veces bajo la máscara del "internacionalismo". Los partidos revisionistas históricamente ligados a la URSS han preconizado líneas contrarrevolucionarias como la de la "vía pacífica" y del "compromiso histórico" con la burguesía. En otras oportunidades los partidos revisionistas preparan golpes de estados militares y acciones armadas aisladas de las masas. Es necesario estudiar y analizar más a fondo el papel y la naturaleza de los partidos revisionistas hoy en día, a la vez en particular y en general, pero en todo caso es completamente claro que constituyen enemigos feroces de la revolución proletaria y que el hecho de desenmascararlos y de derrotarlos, debe ser un elemento esencial del desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado y de la movilización de las masas en la lucha revolucionaria.

El Partido del Trabajo de Albania y su dirección, han caído completamente en los bajos fondos del revisionismo. Poco después del golpe de estado contrarrevolucionario en China, el PTA atrajo un cierto número de verdaderos revolucionarios porque se oponía a ciertos aspectos de entre los más grotescos de la camarilla de Teng Siao-ping y Jua Kuo-feng en China, en particular en lo que respecta a la línea internacional. Muy rápidamente sin embargo han superado incluso a Teng y a Jua en la virulencia de sus ataques contra Mao y contra el pensamiento de Mao Tse-tung. Los dirigentes del PTA han tomado posiciones trotskistas clásicas sobre un cierto número de cuestiones, incluso sobre la naturaleza de la revolución en los países semi-feudales y semi-coloniales, excluyendo la guerra popular como forma de lucha revolucionaria, etc. Lo que es aún más importante, es que su posición se acerca cada día más a la línea revisionista soviética sobre una cierta cantidad de cuestiones importantes y de sucesos mundiales determinantes como apareció en la invasión de Camboya por Viet-nam, en el levantamiento de los obreros de Polonia y en sus ataques contra Mao similares a los de los soviéticos.

La influencia trotskista se ha visto reforzada con el revisionismo en general y particularmente en el último tiempo con el ascenso de los revisionistas en China y las posiciones revisionistas del PTA. Las organizaciones y partidos que suscriben este comunicado llaman a ligar la lucha contra el revisionismo a la lucha contra las posiciones aparentemente izquierdistas de los trotskistas pero profundamente derechistas en su esencia. Especialmente llaman a oponerse: a su línea "purista", "obrerista", de negarse a toda alianza con el campesinado u otras fuerzas no proletarias, en particular a la política de frente único contra las clases reaccionarias en el poder; al rechazo de la posibilidad de tomar el poder e iniciar el período de transición socialista en un sólo país; a la forma economicista de ver las luchas de masas y en cuanto a concebir la transición al comunismo básicamente como un desarrollo de las fuerzas productivas.

Las organizaciones y partidos signatarios destacan el aumento del peligro de la socialdemocracia que se encuentra en el poder en varios países y que sigue siendo un Caballo de Troya de los intereses imperialistas occidentales. Además de sus tácticas habituales de conciliación, la socialdemocracia busca en algunos países formar o influir en grupos armados para incidir en una situación de cambio. Los marxista-leninistas deben combatir firmemente su influencia de masas y denunciar todas sus tácticas. Hoy en día, no es solamente posible, sino que es una necesidad vital, tomar medidas importantes para unificar a los auténticos marxista-leninistas en base a las líneas de demarcación claras que han aparecido, y ante las tareas urgentes del movimiento internacional. También es necesario continuar el estudio, la discusión y la lucha en forma colectiva sobre muchas cuestiones importantes. Esto es particularmente evidente en relación con la necesidad de desarrollar una comprensión mucho más amplia y profunda del Movimiento Comunista Internacional. Como lo dijera el Partido Comunista de China en 1963, cuando era un verdadero partido comunista, en su polémica con los revisionistas soviéticos, en lo que respecta a la historia del Movimiento Comunista Internacional (y del movimiento de liberación nacional): hay "muchas lecciones y experiencias que sacar: hay experiencias de las cuales hay que alegrarse, y otras de las cuales hay que lamentarse. Los comunistas y los revolucionarios de todos los países tienen que abordar esas experiencias de éxitos y fracasos y estudiarlas seriamente para sacar conclusiones correctas y lecciones útiles". Hoy a la luz de las experiencias positivas y negativas aún más significativas que han acaecido desde esa época, y teniendo en vista la situación actual y las posibilidades futuras, esta orientación adquiere una significación mayor. Es más decisiva la necesidad de atreverse a pensar y analizar en forma más profunda y penetrante para actuar de manera más audaz.

Antes que el revisionismo moderno se sacase la máscara abiertamente en la URSS y en diferentes países, existían ya en el seno del Movimiento Comunista Internacional diferentes concepciones erróneas que facilitaron el desarrollo de ese revisionismo. Junto a los innegables aportes que prestó la III Internacional a la unidad del proletariado internacional, a la creación de partidos comunistas y a sus luchas; y al gigantesco rol de la Revolución de Octubre que inició la época de las revoluciones proletarias y abrió paso a la construcción del socialismo en la Unión Soviética, nos concierne a los comunistas hacer un balance crítico de estas experiencias, que permita explicar a la luz del marxismo-leninismo la toma del poder por la burguesía en dicho país y otras naciones socialistas así como aprender también de los errores y desviaciones que se dieron y valorar el grado de influencia de ellos en la corrupción oportunista de la mayor parte del Movimiento Comunista Internacional. Frente a la desmoralización que estos hechos han producido en vastos sectores de masas y frente al aprovechamiento que hacen de ellos los sectores burgueses, presentándolos como muestras del "fracaso" del marxismo, nos compete a los comunistas demostrar que no es el socialismo científico el que ha fracasado y que, por el contrario, él nos permite dar cuenta de los factores objetivos y subjetivos que los han generado. Entre otras cosas tenemos que investigar y debatir las experiencias de la III Internacional y las razones que condujeron a su auto-disolución; la manera como fue resuelta durante la última guerra mundial, la relación entre la lucha revolucionaria contra la burguesía y el imperialismo y la consigna de formar un frente unido anti-fascista, así como la justificación misma de esta consigna; el origen de tendencias revisionistas, como el browderismo, que sembraron la confianza en que podría lograrse una paz duradera y un mejoramiento de las condiciones de vida de las masas, sobre la base de acuerdos entre la Unión Soviética y las potencias imperialistas que combatieron contra los estados fascistas, así como de las tendencias conciliadoras a que ellas dieron lugar;

las raíces profundas que condujeron a la restauración del capitalismo en la URSS y otros países socialistas, prestando atención especialmente al tratamiento que en ellos se dio al desarrollo de la lucha de clases y a una aplicación consecuente de la dictadura del proletariado, a las relaciones entre política e ideología, política y economía y técnica, a la línea de masas, a la correcta solución de las contradicciones en el seno del pueblo y con el enemigo sobre la base de movilizar a las masas, a la relación entre centralismo y democracia en el seno del partido y a la relación de éste con las masas. Esclareciendo estos problemas, al margen de las calumnias de los trotskistas y otros enemigos de la revolución, lograremos importantes enseñanzas para el desarrollo de la revolución.
En resumen, pensamos que para la unidad de los marxista-leninistas es esencial profundizar el estudio para hacer un balance de la actividad teórica y práctica de los comunistas en el período de la III Internacional, la segunda guerra mundial, y en especial las causas de la llegada al poder de los revisionistas en los países en que el proletariado llegó al poder, especialmente en la Unión Soviética y en China.
Los partidos y organizaciones que firman han recibido y discutido un importante proyecto de texto preparado en conjunto por el Partido Comunista Revolucionario de Chile y por el Partido Comunista Revolucionario de los Estados Unidos. Los signatarios estiman que el texto es, a grandes rasgos, una contribución positiva hacia la elaboración de una correcta línea general para el Movimiento Comunista Internacional. En esta perspectiva, el texto debería ser difundido y discutido, no solamente en el seno de las organizaciones que firman este comunicado, sino también en las filas del Movimiento Comunista Internacional en su conjunto.
Para llevar a cabo la lucha contra el revisionismo en su conjunto y para ayudar al proceso de desarrollo y de lucha por una línea general correcta en el Movimiento Comunista Internacional, los firmantes acordaron publicar una revista internacional. Esta revista puede y debe ser un arma muy importante para ayudar a unir ideológica, política y orgánicamente a las fuerzas de los auténticos marxista-leninistas.

Los partidos y organizaciones que suscriben este comunicado, insisten en la necesidad de no solamente conservar el contacto, continuar la discusión y la lucha entre ellos, sino también en buscar activamente a otros verdaderos marxista-leninistas en el mundo y desarrollar relaciones con ellos, en llevar a cabo la lucha ideológica y el trabajo político para ganar sectores aún más amplios del Movimiento Comunista Internacional para consolidar la posición revolucionaria y reforzar sus luchas.
La coyuntura actual en el mundo y en el Movimiento Internacional ponen al proletariado revolucionario, a los pueblos oprimidos y a los marxista-leninistas frente a grandes tareas, grandes pruebas, y sobre todo frente a grandes oportunidades. El marxismo-leninismo, ciencia del proletariado revolucionario, ha sido siempre forjado y templado en la fragua de la lucha de clase. Hoy debemos enfrentar este desafío, ponernos a la altura de las condiciones objetivas, reconstituir la unidad de los marxista-leninistas sobre la base de una correcta línea política y hacer el balance de las experiencias del pasado, luchar por el internacionalismo proletario, y haciéndolo avanzaremos hacia el comunismo en todo el mundo.

Ceylon Communist Party

Groupe Marxiste-Léniniste du Sénégal

Grupo para la Defensa del Marxismo-Leninismo (España)*

Mao Tsetung-Kredsen (Dinamarca)

Marxist-Leninist Collective (Bretaña)

New Zealand Red Flag Group

Nottingham Communist Group (Bretaña)

Organizzazione Comunista Proletaria Marxisla-Leninista (Italia)

Partido Comunista Revolucionario de Chile

Pour l'Internationale Prolélarienne (Francia)

Reorganization Committee, Communist Party of India (Marxist-Leninist)

Revolutionary Communist Party, USA

Unión Comunista Revolucionaria (República Dominicana)

Otoño 1980.

* Posteriormente se llamó Unión de Lucha Marxista-Leninista (España). Esta corrección se hace de acuerdo a la segunda edición de este folleto. N. R. A.R.CO.